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De profesión: Puta (1)
Fecha: 13/05/2026, Categorías: Infidelidad Autor: isa, Fuente: CuentoRelatos
Una vez más estábamos en casa, discutiendo, las cosas no nos iban bien y necesitábamos que aquel contrato se firmara. Pronto iba a venir a casa el presidente de la empresa con la cual mi marido intentaba conseguir una primicia e inversión que daría un vuelvo abismal a nuestra cuenta bancaria y status social. Mi marido me decía que debía hacer lo imposible por agradar y mostrarme tolerante, él sabía perfectamente que al presidente de esa empresa yo le atraía mucho. En todas las cenas o fiestas a las que habíamos ido había estado tirándome los tejos y yo me escabullía con toda la cortesía que podía por no entorpecer en los negocios de mi marido. A pesar de que a mi marido no le gustaba esa situación puesto que es muy celoso pero nuestro estado económica era dramático y para él la parte económica siempre ha sido muy importante primero el dinero y después lo demás. A mi ese tío no me gustaba nada, era viejo, feo, de aspecto tosco, gordo, aunque ciertamente inteligente, de alto nivel cultural y económico, había tenido que esquivar muchas veces sus manos para ahora tener que ser condescendiente con él. Finalmente mi marido consiguió convencerme con sus argumentos, además podía ver en sus ojos que le dolía en el alma pedirme eso pero aun así no dudaba en pedirme que lo llevase a cabo y que llegara hasta donde fuera necesario con tal de que el contrato quedase firmado, eso me tenía anonadada. No me pongas esa cara, sólo te digo que seas amable con él y que tontees ...
... un poco hasta que firme, vale cariño y me beso. Entre en el dormitorio y cuando salí, iba vestida con unos zapatos de charol negros de tacón fino, medias de encaje, minifalda negra lisa, camisa blanca (una que tenía que no ponía ya que al regalármela mi marido se equivocó de talla y me iba muy estrecha) mis pechos quedaban perfectamente remarcados por lo ajustada de la blusa y como ultimo toque me puse ropa interior negra, un bonito tanga y un sujetador de encaje que se dejaba ver a través de la blusa blanca. Al verme de esa forma pude notar como la libido de mi marido aumentaba de forma escandalosa, pero al instante su rostro se tensó pensando en que no era para él que me había vestido así y que además era él quien había insistido. Sonó el timbre de la puerta fui a abrir. Cuando abrí la puerta, mi vestimenta surgió el efecto deseado sus ojos me recorrieron de pies a cabeza lentamente y tras ese instante dijo: –Hola, ¿qué tal estas guapa? –Bien, bien ¿y usted? –muy bien. Y se acercó a mi para darme dos besos, cosa que aprovecho para con sus manos cogerme distraídamente por la cintura, tan por arriba que casi rozo con sus manos mis pechos. En la mesa del comedor con todos los documentos le esperaba mi marido, este se levantó al verle y se dieron de forma firme la mano. Tras unas frases de cortesía, se sentaron a la mesa e iniciaron la conversación de negocios. Yo de vez en cuando entraba a por alguna cosa, cuando lo hacía el tono de la negociación de ...