-
De profesión: Puta (1)
Fecha: 13/05/2026, Categorías: Infidelidad Autor: isa, Fuente: CuentoRelatos
... esperábamos. Nuestra gallina de los huevos de oro estaba a punto de escaparse, nuestra última oportunidad se esfumaba y nos íbamos a hundir en la mísera. Nos lo habíamos jugado todo a una carta y nos había salido mal, que digo mal, desastroso, era nuestra ruina. Finalmente a pesar de mis atenciones a don Hilario la conversación llego a un punto muerto, mi marido, impotente, dejo caer su cabeza hasta que quedo apoyada en sus manos. –Con esto queda zanjado el asunto, eso es todo, dijo don Hilario. Y fue levantarse para marcharse. Mi marido lo retuvo por el brazo diciéndole: –Necesito que modifiques el acuerdo y los porcentajes… –Ya te dije que es inaceptable, eso sólo te beneficia a ti y cuantiosamente además. –Quizás podría poner como mayor aval la empresa en si y el inmueble, para llegar a un acuerdo. –Mi opinión sigue siendo la misma. –¿Y que podría hacerte cambiar de opinión? Don Hilario se dejó caer lentamente de nuevo en la silla, se froto con su mano la barbilla con gesto pensativo, como sospesando la situación y con un simple gesto de su cabeza dijo: –Ella. –Eso es inaceptable. Don Hilario apuró su Martini y dijo: –Piénsalo bien, digamos que os ofrezco el acuerdo al completo todo lo que habías pedido, soñado, simplemente a cambio de que sea mía, diez minutos, ahora mismo, aquí, sólo diez minutos. –No, no… no puede ser… Mi marido me miró desesperado, sin decir nada, estuvimos así unos segundos, mirándonos a los ojos, ...
... ambos sabíamos que no había otra salida, él no quería, yo tampoco pero sólo serían diez minutos y después todo habría acabado, estaríamos salvados. Me levante me acerque a él y le dije al oído: –Lo hago por ti. Me gire hacía don Hilario y dije: –Acepto. Don Hilario se levantó cogiéndome por el brazo y dando un pequeño tirón hizo que me fuese tras él, con la otra mano acercó los documentos a mi marido diciéndole: –Modifícalo tal y como querías, lo firmare, tienes mi palabra. Se quito el reloj de la muñeca y me lo entrego diciéndome: –Diez minutos. Acto seguido se encamino hacia las habitaciones o eso pensé yo, pero al separarse un par de pasos de la mesa, quedamos a la altura del respaldo del sofá y tirando nuevamente del brazo del que me tenía sujeta, pero con más fuerza, me empujo contra el respaldo haciendo que quedara doblada por la cintura. Me puso su mano con firmeza en mi espalda dejando a las claras que no quería que me moviese, recorrió lentamente mi cuerpo sobre la ropa, hasta que llevó sus manos a mi minifalda, noto el tacto de la tela y después me la subió hasta la cintura, sin prisas, soltando un silbido de admiración al ver mi bonito culo y el tanga negro. Me parecía que todo pasaba a cámara lenta, sus manos bajaban ahora el tanga hasta mis rodillas, pude oír como se chupaba un dedo que poco después colocaba en la entrada de mi vagina, para introducirlo lentamente hasta conseguir algo de humedad y empezar a moverlo como si me ...