1. Dios los cría y ellos se juntan


    Fecha: 16/05/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: AlbertoXL, Fuente: TodoRelatos

    ... notablemente a cada inspiración.
    
    Aunque no había nadie a nuestro lado, por suerte los primeros compases del musical empezaron antes de que los gemidos de Lili se volvieran significativos. Así pues, don Alberto siguió tocando sus fibras más sensibles y haciéndola jadear desacompasadamente; lo cual llevó a Lili a apretarme la mano y besarme con desesperación para ahogar un nuevo gemido.
    
    Alberto y yo nos turnamos para proporcionarle a mi esposa una larga y devastadora sucesión de orgasmos durante el primer acto del musical, masturbándola hasta dejarla exhausta y apunto de perder el sentido.
    
    Después, una vez en casa, hube de sacar a pasear al perro pues de lo contrario, sabía que no dispondríamos de la tranquilidad para terminar lo que habíamos empezado en el teatro.
    
    Antes de salir, miré a mi esposa por última vez. Estaba deslumbrante, como siempre. Aquel vestido se ceñía a su cuerpo como un guante. Además, gracias a la escandalosa abertura lateral, mostraba con elegancia y estilo gran parte del muslo. Por no hablar de los exclusivos zapatos de tacón que eran como un auténtico adorno para sus pies. Con aquel atuendo, Lili seguía siendo una mujer de ensueño.
    
    — ¡Diviértanse! —dije y salí por la puerta.
    
    Quería darles un poco de tiempo para que entraran en calor y para averiguar hasta dónde se atreverían a llegar en mi ausencia. Dejé pues vía libre a don Alberto para campar por el cuerpo de mi esposa. Además de ser lo acordado entre Liliana y yo, estar los ...
    ... tres juntos era siempre muy interesante. De hecho, nunca antes los había dejado solos.
    
    Después de algo más de diez minutos, tiempo que solía emplear en hacer mi recorrido habitual con Boby, mi imaginación había volado por culpa de la expectación. Dejé a nuestro despabilado border terrier en el jardín, atado con su correa para que no arañara la puerta y subí las escaleras del porche.
    
    Al aproximarme a la puerta, oí a mi esposa gritar. ¡Prácticamente estaba llorando! Si no lo hubiera sabido, no me habría demorado tanto. Mi primera impresión fue que don Alberto la estaba lastimando y mi instinto fue irrumpir para averiguar qué ocurría. Sin embargo no quería precipitarme y, en lugar de hacer eso, me detuve un momento a escuchar.
    
    Después de todo, confiaba en don Alberto. Siempre nos habíamos tratado con respeto y hasta entonces mi esposa sólo había tenido elogios para él. Además, Lili y yo teníamos una contraseña de seguridad, una pequeña frase que indicaría que deseaba detener el juego: “¡Madre de Dios!”, pero ella no la había pronunciado en ningún momento, así que teóricamente debía encontrarse bien.
    
    Sólo se me ocurría una cosa que pudiese hacerla chillar de aquel modo, pero me negué a considerar algo tan desconsiderado. Lo malo es que parecía algo más que un simple sollozo o el habitual gruñido ahogado causado por un placer prácticamente insoportable que Lili solía emitir cuando él la follaba.
    
    — ¡¡¡AAAY!!! ¡¡¡AAAY!!! ¡¡¡AAAY!!! —repetía una y otra vez lánguida y ...
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