1. Dios los cría y ellos se juntan


    Fecha: 16/05/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: AlbertoXL, Fuente: TodoRelatos

    ... sentidamente.
    
    A veces sonaba como a queja, a una evidente protesta mezclada con placer. Pero otras parecía más bien asombro, sorpresa o puede incluso que admiración. El caso era que estaban follando sin mí y que mi polla reaccionó a los gritos de mi esposa como es natural.
    
    ¡¡¡PLASH!!!
    
    Al oír lo que a todas luces debió ser un tremendo azotazo, me di cuenta de que no podía soportar saber lo que estaba pasando y no poder verlo. De modo que abrí la puerta con sigilo y entré procurando hacer el menor ruido posible. Seguí los salvajes chillidos y lamentos hasta llegar a la entrada del salón.
    
    Estaban de pie, contra la pared de enfrente y de espaldas a mí. Lili todavía llevaba puestos los zapatos, pero se tambaleaba peligrosamente a causa de los empellones de mi jefe. Además, don Alberto había girado la falda del vestido de forma que ésta ahora dejaba a la vista el formidable trasero de mi esposa.
    
    Aunque estuviera en pie, Liliana tenía el torso y la cara aplastados contra la pared, con sus enrojecidas y redondeadas nalgas al aire. En ese momento, el vestido rojo le proporcionaba una contradictoria y lasciva sofisticación. Se trataba de la cruda realidad de una señora de clase media-alta siendo rudamente sodomizada contra la pared.
    
    Por contra, la ropa de don Alberto parecía estar por todas partes. En el suelo. Encima de la mesa baja. Sobre el respaldo del sofá… Evidentemente, él estaba detrás de ella, sujetándola de las caderas y envistiendo su trasero con todo ...
    ... su ser. ¡Y no se contenía!, sino que la estaba follando por el culo sin compasión, embistiéndola de forma mecánica como un autómata. De manera que no era de extrañar que mi esposa gritase de semejante modo.
    
    De pronto, don Alberto aminoró la marcha y empezó a entrar y salir a fondo, balanceando las caderas ampliamente y haciendo gala de la formidable envergadura de su polla. En respuesta, los lamentos de mi esposa se transformaron instantáneamente en graves y acusadores gemidos de gozo. Tras haberla hecho rabiar, el viejo zorro la consolaba ahora con una cadenciosa, suave y afectuosa sodomía que, para mi estupor, logró hacer que Lili se corriera y le temblaran tanto las piernas que cayó derrengada.
    
    A pesar del lastimoso estado de mi esposa, encogida y sin dejar de convulsionar, el maduro no se apiadó de ella, sino que la puso de rodillas, con la cara a ras de suelo y el culo en alto. La raja de la falda se abrió entonces del todo, mostrando a las claras los desperfectos que la severa follada había causado en su entrepierna. Desde la señal de una mano sobre su nalga izquierda a la refulgente humedad de su sexo, sin obviar, por supuesto, por el escabroso aspecto de su orificio escocido y entreabierto.
    
    Después de llamarla como merecía y afirmar que su culo nunca se había visto tan lindo, Don Alberto se colocó detrás, encima, primero de pie y luego a horcajadas sobre ella. Aquella grotesca postura me permitió admirar como el viejo zorro volvía a penetrarla analmente, ...
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