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Dios los cría y ellos se juntan
Fecha: 16/05/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: AlbertoXL, Fuente: TodoRelatos
... sé… Es tan distinto, tan…, tan increíble —sonrió y acercó una mano a mi cara, y me tocó despacio, con la punta de los dedos, pensando, temiendo decir algo inapropiado—. No me podía figurar que después del principio fuera a ser tan… tan… ¡uf! ¡¡¡PLASH!!! Sonreí viendo el entusiasmo en sus ojos tras el azote de don Alberto. — ¡Auch! —protestó no obstante haciéndose la niña. — ¿La quieres de vuelta en el culo o en el coño? — Lo dirás de broma, ¿no? —rezongó Lili— ¿Qué quieres, que pille una candidiasis? ¡Metémela en el culo ahora mismo, o ve a lavarte! — ¡Ni que lo sueñes! —y diciendo esto volvió a meterla en su agujero. — ¡Cuidado, joder! —exclamó—. ¡Eso duele! Don Alberto la azotó nuevamente en el otro lado y empezó a embestir haciendo que emitiera en el acto una retaila de interjecciones mezcla de conmoción y gozo. A causa de las arremetidas, Lili empezó a descender lentamente hasta quedar completamente tendida en el suelo, pero don Alberto se echó encima y siguió embistiéndola sin descanso. — ¡¡¡AAAH!!! ¡¡¡AAAH!!! ¡¡¡AAAH!!! —chillaba de espanto, pero también al borde del orgasmo. De modo que el viejo zorro puso en ello todo su empeño. Ahora las piernas de Lili estaban cerradas bajo su peso, y se veía tan sexy y vulnerable que me conmoví y preocupé. Mis ojos viajaron desde los dedos de sus pies, ascendiendo a lo largo de sus piernas y muslos. A partir de ahí solo se veía la formidable corpulencia de Alberto dominándola. Mi esposa jadeaba ...
... con cada contundente penetración como si la estuvieran torturando. Hasta que de pronto soltó un grito y sus piernas se crisparon y echaron a temblar. — ¡¡¡OOOGH!!! —jadeó de modo elocuente al alcanzar el clímax. Pero don Alberto continuó follándola de todas formas, dejando claro que esa vez no pensaba parar. Con todo, Lili siguió sin pronunciar “¡Madre de Dios!”, la consigna de seguridad, así que hube de permanecer al margen a pesar de sus alaridos. El bruto de mi jefe se tensaba con cada penetración, y cada vez, Lili sollozaba y se estremecía. Mientras tanto, yo disfrutaba de cada segundo, de cada imagen y sonido. Podía adivinar que, mientras Alberto parecía querer penetrarla más y más profundamente, solo se preparaba para eyacular y, efectivamente, sus propios gemidos comenzaron a unirse a los gemidos de ella. Entonces dio una última y poderosa embestida y rugió, y Lili gritó pues don Alberto se estaba vaciando dentro de ella. — ¡Oh, joder, qué caliente! —la oí proferir desde debajo. Paulatinamente el movimiento se detuvo hasta que ambos cuerpos quedaron inmóviles, recuperando el aliento en tanto se iban relajando. Después de un rato, don Alberto salió de Lili, no sin antes darle un insólito y delicado beso en el hombro. Luego de incorporarse, el viejo zorro me miró cogiéndome del hombro, con la fatiga todavía dibujada en un rostro por lo general adusto. — Cuídala, hijo. Una hembra así no tiene precio, hazme caso. Miré a mi esposa. Todavía jadeaba, ...