-
Fui una prostituta en mi trabajo
Fecha: 20/05/2026, Categorías: Transexuales Autor: danirecuerdos, Fuente: CuentoRelatos
... varonil, alto, siempre pulcro y perfumado. Me imaginé sentada en sus piernas dándole besitos. Sacudí mi cabeza y seguí caminado tratando de no pensar en nada. Llegué al tanque 23 y él ya estaba ahí. Era una zona poca iluminada y poco frecuentada por otros departamentos de la planta. Me acerqué a él y me entregó 10 dólares en la mano diciéndome “te pago por adelantado para que te motives”. No supe qué hacer y solo me los guardé. Enseguida me pidió quitarme los pantalones y quedar igual a cuando me vio en la oficina. Me quité los pantalones y me volví a poner las botas. Yo estaba muy nervioso mirando a todos lados porque estaba prácticamente desnudo, solo una tanguita que se perdía entre mis nalgas, los ligueros en mis muslos, los guantes y un top transparente a la altura de mis pezones. Edgar se acercó frente a mí y empezó a acariciar mis brazos y cintura. Me decía muchas cosas con su voz grave que me excitaban, pero me ponían nervioso porque también su voz es alta y temía que alguien nos encuentre así. Me tomó de la cintura con una mano y con la otra acariciaba mi cuello y pechos “que piel tan suave tienes, estás hermosa”. Me giró y puso sus manos en mi cintura, las deslizó hacia arriba y luego hacia debajo de mis caderas hasta los muslos “que sexy, toda una hembra, estás para preñarte”. Me sentí cada vez más excitado y quise decirle algo bonito para ser recíproco, pero apenas empecé me hizo callar con un fuerte “Shhh me gustan calladitas”. Me quedé en silencio. Empezó ...
... a manosear mis nalgas y yo no dejaba de temblar. La combinación de morbo y nervios me tenían muy caliente. Luego pasó sus labios por mi cuello y me recorrió a besos la espalda hasta llegar a mis nalgas, les dio unos besitos y bajó más para besarme los muslos y detrás de la rodilla. Para ese momento yo había perdido el miedo a ser descubiertos y estaba con los ojos cerrados disfrutando el manoseo de ese macho. Se alejó un poco y escuché que se desabrochó el pantalón y se acercó a mí hasta que sentí su verga en medio de mis nalgas. Yo estaba con las manos apoyadas en el tanque con espalda arqueada brindando mis nalgas a un hombre. Corrió la tanga hacia un lado y me dijo “ábrete las nalgas”. Eso me prendió más. Me apoyé en el tanque con mi pecho y me las abrí y dijo “Uuufff que deliciosa, depiladita, que rico ano rosadito”. Se acercó más con su verga en la mano hasta presionar suavemente mi ano. Me pasaba su glande de arriba para abajo como si estuviese pintando mi ano con sus líquidos preseminales. Siguió así algunos segundos hasta dejar muy babosa mi entrada. Se acercó más, me tomó de la cintura y empezó a puntear. Solo dije “ten cuidado Edgar, despacio”. “Shhh calladita”, me dijo. Siguió punteando suavemente presionando y haciendo que su cabeza entre un poco y se dilate mi ano y luego quitaba la presión lo cual hacía que mi ano se cierre otra vez. El punteo duró poco más de 1 minuto cuando Edgar empezó a gemir “Oh, oh, oh… ¡Ufff Dios! Yo solo sentía como una palpitación ...