1. La Dama de Tenerife


    Fecha: 20/05/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: Jon Dom 50, Fuente: TodoRelatos

    ... gritar. Sus manos no se movían, le dejaba hacer, a pesar de que le causaba un dolor intenso. Le caían lágrimas abundantes de los ojos…
    
    —¿Tienes dolor de cabeza otra vez? —preguntó el marido.
    
    —Sí… no sé si dormiré bien esta noche.
    
    —Entonces descansa. Te llamo mañana.
    
    —Bien. Hablamos.
    
    La llamada terminó. Ningún gesto de cariño, fruto de los años de relación ya casi gélida.
    
    Sofía exhaló. Hugo no dejó de tocarla.
    
    —¿Te gustó? —preguntó.
    
    Ella asintió, sin palabras.
    
    —¿Por qué?
    
    —Porque… me encantó que me vieras. Que me tocaras. Que me hicieras sentir… que podía hacer esto y que nadie lo sabría.
    
    —Excepto yo.
    
    —Sí… excepto tú.
    
    Hugo se acostó a su lado y la abrazó. Ella apoyó la cabeza en su pecho, escuchando su corazón.
    
    Ella sonrió. Cerró los ojos otra vez.
    
    La música seguía sonando. Fuera, el mar susurraba. Y en esa suite de lujo, entre sombras y promesas, se había cerrado una puerta… y se había abierto otra.
    
    La ceremonia del adiós
    
    Sofía se levantó de la cama con movimientos lentos, casi ceremoniales. Su cuerpo aún vibraba con los ecos del placer, como si cada célula recordara la forma en que Hugo la había poseído, no solo físicamente, sino emocionalmente.
    
    No había prisa. No había arrepentimiento. Solo una sensación de plenitud, de haber hecho exactamente lo que debía hacer.
    
    Se envolvió en una toalla blanca, nueva, y caminó hacia el baño. La luz del techo era suave, cálida, como el resplandor de una hoguera que se apaga ...
    ... lentamente. Se miró al espejo. No vio a una mujer culpable. Vio a una mujer satisfecha. Feliz. Liberada. Vio a una diosa. Se dirigió a la ducha.
    
    Cuando salió, Hugo estaba sentado en el sofá del dormitorio.
    
    —¿Te sientes mejor? —preguntó sin levantar la mirada del vaso de whisky que sostenía.
    
    Ella se detuvo frente a él, con la toalla aún envolviendo su cuerpo.
    
    —Sí. Me siento… plena.
    
    Ella caminó hacia el armario donde había dejado su ropa y comenzó a vestirse con lentitud. Se puso la ropa interior con elegancia, como si fuera una ceremonia privada.
    
    Luego, el vestido negro, majestuoso. Se sentó frente al espejo y se peinó con cuidado con un cepillo que sacó de su bolso, como si quisiera asegurarse de que nada en ella revelara lo que había pasado.
    
    —¿Te vas ya? —preguntó Hugo, aunque ya sabía la respuesta.
    
    —Sí. Te dí todo.
    
    Él sonrió.
    
    Se levantó y caminó hacia ella. Se detuvo detrás de la silla y apoyó las manos en sus hombros.
    
    Ella lo besó. Un beso lento, profundo, como si llevara años esperando ese contacto.
    
    —Gracias —dijo.
    
    —Cuidate preciosa.
    
    Ella sonrió.
    
    Salió del hotel con una sonrisa. No de arrepentimiento, sino de plenitud. De entrega. De deseo cumplido. Notó ciertas miradas indiscretas del personal de recepción pero no le dio mayor importancia.
    
    Hugo se quedó en la cama, pensativo. Sabía que no sería la última vez que la vería. Le había gustado más de lo normal esta mujer. No se podría olvidar fácilmente de su nombre.
    
    Había algo en ...