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La Dama de Tenerife
Fecha: 20/05/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: Jon Dom 50, Fuente: TodoRelatos
... sino que invitaba. Como ella. —Por donde tú quieras —respondió en voz baja. Hugo se quedó quieto. La observó. No como un hombre que mira a una mujer, sino como alguien que contempla una obra de arte que está a punto de tocar. —Entonces, siéntate —dijo señalando el sofá. Ella obedeció. —¿Confías en mí? —Sí. —Entonces dime por qué estás aquí. Tragó saliva nuevamente. —Porque necesito que me digas qué hacer. Que me ordenes. Que me hagas sentir… que soy tuya. —¿Y qué harías si te dijera que te quites la ropa ahora? Ella lo miró. Directo. —Lo haría. —¿Y si te dijera que te arrodilles frente a mí? —Lo haría. —¿Y si te dijera que me mires a los ojos mientras te tocas? Sus ojos se cerraron de placer. —También. —¿Y si te dijera que te vayas ahora, sin hacer nada? —Me iría. Pero me dolería. —¿Por qué? —Porque… me habrías hecho sentir que no soy suficiente. —Eso es interesante. —¿Por qué? —Porque te excita obedecerme… pero también te duele que yo decida no quererte. —Sí. —¿Y qué sientes ahora? —Miedo. Y deseo. —¿Cuál es más fuerte? —El deseo. Hugo se levantó y le tendió la mano. Ella la tomó. Juntos, se dirigieron al dormitorio. La música seguía sonando. Ahora más baja. Más íntima. Como un susurro que los envolvía. Sonaba Fredie Freeloader. —¿Confías en mí? —volvió a preguntar. —Sí. —Entonces cierra los ojos. Ella lo hizo. —Y no los abras hasta que yo te lo diga. La cena La ...
... cena llegó cuarenta minutos más tarde. La puerta se abrió sin ruido. La camarera entró con paso firme y discreto, vestida con un uniforme negro de corte clásico, delantal blanco inmaculado y una expresión neutra que no revelaba nada. Llevaba una bandeja de plata sobre la que descansaban dos platos cubiertos con campanas doradas. Tras ella, otro empleado empujaba un carrito con ruedas silenciosas, donde descansaban el vino, el pan caliente y los postres envueltos en papel de seda. —Buenas noches señor y señora. Les voy a servir la cena. Gracias por este pedido, nos hace mucha ilusión complacerles. Esperamos que todo sea de su agrado. Hugo no se levantó. Estaba sentado a la cabecera de la mesa, con las manos entrelazadas, observando cómo la camarera colocaba los platos con precisión militar. Sofía, a su derecha, la miraba con una mezcla de curiosidad y envidia. No envidiaba su trabajo, sino su control. Su discreción. Su capacidad para estar allí sin ser notada. Era como si fuera parte del escenario, invisible a los ojos de quienes no querían verla, pero omnipresente en la atmósfera de la escena. —Bon appetite— Se despidió la camarera con una leve inclinación, un servicio VIP impecable. Cerró la puerta sin hacer ruido. —¿Te incomoda que haya venido alguien? —preguntó Hugo, mientras cortaba la carne con un cuchillo de acero inoxidable. —No. Al contrario. Me excita. —¿Por qué? —Porque… es como si yo no fuera la única que sabe lo que pasa aquí. —¿Y eso ...