1. La Dama de Tenerife


    Fecha: 20/05/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: Jon Dom 50, Fuente: TodoRelatos

    ... normal en los estrenos de este tipo de calzado.
    
    —Ahora, el vestido. Lentamente.
    
    Ella lo hizo. Se giró, sin prisas. Dejó al descubierto un cuerpo perfecto, cuidado, deseado. Hugo la observó sin decir nada. Ella tembló. Giró la cabeza para mirarle deleitándose de su entrega y sintiendo sus pezones durísimos de excitación. Las manos colgando en sus costados y los sentimientos de excitación a flor de piel.
    
    A Sofía le cayó una lágrima de la emoción.
    
    Hugo no hizo ningún comentario. Solo la observó. Con calma. Con interés. Con poder.
    
    —¿Tienes frío? —preguntó.
    
    —No.
    
    —¿Entonces por qué lloras?
    
    —Soy muy feliz.
    
    Sofía era toda una mujer, pero nunca había dejado de ser aquella adolescente soñadora que le apenaba dejar de ser una niña.
    
    Él se acercó y le quitó la ropa interior con delicadeza. Ella cerró los ojos.
    
    —Mírame.
    
    Ella lo hizo.
    
    —Quiero que te duches. Estarás más cómoda, yo lo hice antes de tu llegada.
    
    Le encantó esta tregua fugaz que le permitía lavarse y entregarse mojada. Se tomó su tiempo y no pudo evitar acariciarse mientras se lavaba con un gel que olia a cielo.
    
    Cuando la diosa salió de la ducha, Hugo se desnudó sin prisa, dejando que el silencio se llenara de tensión. Se tumbó a su lado y comenzó a besarla. Primero en el cuello, luego en los labios, después en el vientre. Cada caricia parecía tener un propósito.
    
    Ella se arqueó cuando él la tocó. Un suspiro escapó de sus labios. Hugo sonrió.
    
    —¿Te gusta?
    
    —Sí…
    
    —Dilo ...
    ... bien.
    
    —Sí… me gusta. Me gusta mucho.
    
    Él continuó, con paciencia, con dominio. Ella se aferró a las sábanas, perdiendo el control poco a poco.
    
    —¿Tienes más para mi?
    
    —Sí.
    
    —¿Más rápido o más lento?
    
    —Más… más fuerte.
    
    Él continuó, con precisión, con dominio. Ella se aferró a las sábanas, perdiendo el control poco a poco.
    
    —¿Te gustaría que te follara ahora?
    
    —Sí.
    
    —¿Con qué?
    
    —Con tus dedos. Con tu boca. Con tu miembro. Me da igual. Solo quiero sentirte.
    
    —¿Y si te dijera que no lo hago?
    
    —Me moriría.
    
    —¿Por qué?
    
    —Porque me estás matando con la espera.
    
    Él sonrió.
    
    Se levantó de la cama y fue hacia un cajón del armario. Lo abrió y sacó una caja de madera oscura. Dentro, varios objetos: una venda de seda negra, una pequeña vara de bambú, una cuerda de satén y un vibrador pequeño, de diseño elegante.
    
    —¿Tienes miedo?
    
    —Un poco.
    
    —¿De qué?
    
    —De no poder aguantar. De decepcionarte.
    
    —No puedes decepcionarme si me entregas lo que tienes.
    
    Ella asintió.
    
    —Entonces, ¿confías en mí?
    
    —Sí.
    
    —Bien. Entonces, cierra los ojos de nuevo.
    
    Ella lo hizo.
    
    Hugo tomó la venda y se la colocó con cuidado, asegurándose de que no apretara demasiado. Ahora, Sofía no veía nada. Solo oscuridad. Y el sonido de su respiración.
    
    —¿Qué sientes ahora?
    
    —Miedo. Y deseo.
    
    —Bien.
    
    Él tomó la vara y la pasó suavemente por su brazo. Ella se estremeció.
    
    —¿Sabes por qué uso esto?
    
    —No.
    
    —No es para hacerte daño. Es para recordarte que estás aquí. ...
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