1. La Dama de Tenerife


    Fecha: 20/05/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: Jon Dom 50, Fuente: TodoRelatos

    ... Que estás viva. Que estás presente.
    
    —¿Y si me duele?
    
    —Entonces me detendré. Pero no antes de saber si es dolor o miedo.
    
    —¿Y cómo sabrás la diferencia?
    
    —No te preocupes, soy experto en estas cuestiones. Solo confía en mí.
    
    —¿Y si no digo nada?
    
    —Entonces, seguiré.
    
    Ella gimió levemente.
    
    —Bien.
    
    Él pasó la vara por su espalda, suavemente, dibujando líneas invisibles. Ella se estremecía con cada contacto. Le golpeó con la vara en las nalgas unas cuántas veces. Luego, cambió la vara por la cuerda y comenzó a atarle las muñecas, con lentitud, con precisión.
    
    —¿Te gusta?
    
    —Sí.
    
    La ató a la cama, dejando que sus brazos estuvieran extendidos, pero sin incomodidad. Luego, se acostó a su lado y la besó. Un beso lento, profundo, como si llevara años esperando ese contacto.
    
    Él tomó el vibrador y lo encendió. La vibración era suave, casi imperceptible. Se lo acercó al clítoris y lo dejó allí, sin tocarla aún.
    
    —¿Te gustaría que te lo pusiera?
    
    —Sí.
    
    Lo colocó con cuidado y lo encendió a un nivel bajo. Sofía jadeó.
    
    —¿Te gusta?
    
    —Sí.
    
    —¿Más rápido o más lento?
    
    —Más rápido.
    
    Aumentó la intensidad y ella se arqueó contra la cama, gimiendo en voz baja.
    
    —¿Te gusta?
    
    —Sí… sí… sí…
    
    —¿Y si me paro ahora?
    
    —Me matarías.
    
    —¿Y si te dejo así?
    
    —Me volvería loca.
    
    Él se acercó a su oído y susurró:
    
    —Entonces, prepárate. Porque esto solo acaba de empezar.
    
    La sumisión
    
    El vibrador seguía en su lugar, rozando su clítoris con una ...
    ... vibración precisa, casi quirúrgica. Sofía se arqueaba contra la cama, jadeando en voz baja, con el cuerpo tenso como una cuerda a punto de romperse.
    
    La venda seguía en sus ojos, ocultando el mundo, dejándole solo el sonido de su respiración y la presencia de Hugo, que se movía a su alrededor como una sombra silenciosa.
    
    Él se inclinó hacia su oído.
    
    —¿Te gusta?
    
    —Sí… sí… por favor… no pares.
    
    —¿Y si te lo quito?
    
    —No… por favor… no me dejes así.
    
    —¿Y si te follo ahora?
    
    —Sí… por favor… fóllame.
    
    Hugo apagó el vibrador y lo dejó a un lado. Luego, tomó su miembro con la mano y lo acercó a la entrada de ella. Estaba mojada. Ardiente. Lista.
    
    —Abre las piernas más.
    
    Ella lo hizo, sin dudar. Sin miedo. Solo entrega.
    
    Él la penetró lentamente sin preservativo. Con una calma que contrastaba con la urgencia de su cuerpo. Ella gimió. Un ruido gutural como sacado de otro animal, como el de una cuerda tensándose antes de romperse.
    
    —¿Te duele?
    
    —No… me gusta. Me gusta mucho.
    
    Empujó más adentro, hasta estar completamente dentro de ella. Se quedó quieto por un momento, dejando que su cuerpo se acostumbrara a la invasión. Luego, comenzó a moverse. Lentamente al principio, con control absoluto. Cada embestida era una pregunta. Cada gemido, una respuesta.
    
    —¿Está bien así?
    
    —Sí… sí…
    
    Aumentó el ritmo. Sus caderas se movían con precisión, con fuerza. Ella se aferraba a las cuerdas que la mantenían atada, gimiendo cada vez más alto, perdiendo el control poco a ...
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