1. Los viajes de mi marido


    Fecha: 23/05/2026, Categorías: Incesto Sexo con Maduras Voyerismo Autor: Veronicca, Fuente: SexoSinTabues30

    ... deja.
    
    —Vaya, que pena. A mí me gustaría—le dijo mi marido.
    
    La más pequeña era diferente sus hermanas, porque aunque tenía la piel tan blanca como ellas, incluso sonrosada, sus rasgos eran diferentes y su cuerpo más gordito, haciendo sospechar a mi marido que podría ser de un padre distinto al de sus hermanas, debido a la promiscuidad de su madre, pero él quiso disfrutarla igualmente y mientras ella se entretenía con su polla, él se puso a acariciar esa piel tan suave, el culo y entre las piernas que ella abría para dejarle pasar el dedo por la rajita que cada vez estaba más húmeda, y que se deshacía como mantequilla entre sus dedos.
    
    Cuando la tumbó en la cama, a él le pareció que esa cría no parecía asustarse ni sorprenderse mucho de lo que estaban haciendo, pero en ese momento no estaba para adivinanzas y abriéndole las piernas se puso a chuparle la vagina como si fuera el mejor manjar, embriagándose con esa mezcla de sensaciones que enturbiaban su mente provocadas por el morbo de estar lamiendo ese coñito sin un solo pelo, provocando las contracciones y gemidos de la niña que le pusieron más cachondo todavía, hasta que finalmente le puso la verga en la entrada de la vagina, aunque sin atreverse a apretar mucho, por lo que ella le dijo:
    
    —Empuje señor, que ya me la han metido por ahí…. ¡Así!, ya me entra, ¡aaayyy!, que rico me lo hace……—decía entusiasmada, cuando mi marido empezó a follarla.
    
    La calentura de la niña hizo que ella confesara que no era virgen ...
    ... ya, y que obviamente había estado con más hombres, aunque en un principio, lo negara, suponiendo mi marido que por indicación de su madre.
    
    No obstante, a mi marido no le importó y esas palabras hicieron que él se excitara aún más y que apretara con fuerza hasta metérsela toda, mientras ella se movía buscándose el gusto, a la vez que continuaba hablándole:
    
    —Me gusta mucho, ¡ay!—decía, entre gemidos de placer.
    
    (—Menuda puta está hecha esta cría ya—pensó mi marido, sin creerse todavía la picardía que tenían las tres hermanas, a pesar de sus apariencias).
    
    Todo eso excitó sobremanera a mi marido, que no pudo resistirse a correrse dentro de esa pequeña vagina, aunque al parecer ya usada por otros, quizás por ese amigo de su madre, que las había estrenado a todas.
    
    Cuando se la sacó, se quedó tumbado en la cama, agotado, casi sin poder moverse, mientras la niña se lavaba con prisa, se vistió y salió de la habitación corriendo.
    
    Al poco rato llamaron a la puerta de su habitación y vio que era la dueña del Hostal, que le dijo:
    
    —Ya me he enterado que ha estado con la más pequeña sin mi permiso, así que tendrá que pagar más dinero porque ella era todavía virgen y la tenía reservada para un señor que venía el mes que viene
    
    Mi marido se dio cuenta del chantaje que querían hacerle y por no discutir y no meterse en líos, aceptó pagar lo que le pidió, pero con la condición de que se la dejara la noche entera, ya que esa era su última noche allí.
    
    Después de estar ...
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