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Capítulo 3: El placer de renacer
Fecha: 25/05/2026, Categorías: Transexuales Autor: Alessa11, Fuente: TodoRelatos
... arrolladora emergió de su cuerpo, erizándole la piel, encendiendo su energía mágica y despertando un poder que hasta entonces solo había sentido en sueños. Su pene se tensó, sus músculos vibraron con la fuerza de la magia concentrada y con fuerza descomunal los hilos que la aprisionaban se rompieron con un chasquido que resonó en el bosque. Alessa tomó el hilo que oprimía su cuello y, con un tirón, lanzó a la bandida hacia ella, mientras de su mano brotaba una estaca de hielo que atravesó el corazón de la agresora. La gemela cayó, inmóvil, boca abajo en la tierra, y el bosque pareció suspirar ante la liberación de la tensión y el poder desatado. Alessa cayó de rodillas, el pecho subiendo y bajando con fuerza, el cuerpo temblando por la descarga de energía y emociones. El bosque quedo en silencio, solo roto por el eco lejano de su respiración agitada. Cerró los ojos un instante, todavía de rodillas sobre la tierra, dejando que la furia y la luz que la había consumido se disiparan lentamente. Había sobrevivido, había vencido y en ese acto de desesperación y poder, por primera vez desde la noche trágica, había descubierto la fuerza de su magia, el control sobre su destino, y la capacidad de imponerse sobre cualquier terror, incluso sobre la crueldad que había conocido esa noche. Después de la batalla, el bosque estaba en un silencio pesado, roto solo por el crujir de ramas y el olor penetrante a sangre, carne quemada y destrucción. Alessa, exhausta, con el cuerpo ...
... dolorido y la respiración entrecortada, observó el panorama. Sus ojos se posaron sobre el cuerpo chamuscado de Viksert, y un llanto desgarrador brotó de su garganta, un dolor que le quemaba el pecho y le oprimía el corazón. A apenas unos centímetros de ella, Stello yacía inmóvil, sin vida, su mirada vacía clavada en la nada. Alessa lloraba sin contenerse, sin importar quién pudiera escucharla. Con esfuerzo y dolor, comenzó a arrastrarse gateando hasta Stello, apoyando su cuerpo sobre el suyo, abrazándolo con fuerza mientras sollozaba. Su llanto era profundo, sincero, una mezcla de impotencia, pena y rabia. Se aferró a él hasta quedarse sin fuerzas, hasta que el sueño, pesado y abrumador, la venció. Minutos después, un escalofrío recorrió su cuerpo. La noche se volvió fría y cortante; su piel se erizó al sentir una presencia que se posaba sobre ella. Aterrada, Alessa se dio la vuelta y quedó paralizada por la visión de una criatura majestuosa: una araña gigante, cuyos ojos negros profundos la observaban directamente, y cuyo cuerpo emanaba un frío cortante que se filtraba en cada poro de su piel. Pero, en lugar de terror, Alessa sintió asombro y admiración; la magnitud y la majestuosidad de la criatura la dejaban sin aliento. La araña movió sus cuatro patas centrales, levantando a Alessa del suelo y enrollándola con ellas, dándole la vuelta. Su abdomen y pecho quedaron apoyados sobre las patas, mientras los dedos de sus pies apenas rozaban la hierba húmeda del suelo. De ...