1. ♓️ Piscis IV


    Fecha: 27/05/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Peter28, Fuente: TodoRelatos

    Piscis IV ♓️
    
    El amanecer entraba por la ventana de la habitación de hospital como una línea tenue, casi tímida, acariciando el rostro pálido de Daniel. El olor a formol se mezclaba con el sonido de las máquinas que marcaban el pulso de su recuperación. Sus labios estaban resecos, su cuerpo débil, y la mente vagaba entre la bruma de los analgésicos y la punzada constante en el abdomen.
    
    Apenas alcanzó a ver, con un esfuerzo titánico de sus párpados, cómo una figura salía de la sala con el sigilo de un ladrón. Victoria. Se marchaba al amanecer, cansada, arrastrando su bata blanca como un manto pesado. No lo notó despierto. Daniel solo registró su silueta perdiéndose tras la puerta, y luego, la soledad.
    
    Cerró los ojos. Unas lágrimas quemaron su mejilla.
    
    El encuentro con los padres
    
    A media mañana, voces conocidas irrumpieron en la habitación. Eran sus padres. Victoria, previsora o culpable, los había avisado. Entraron con la ansiedad pintada en el rostro, como si esperaran encontrar a su hijo a punto de morir.
    
    —Hijo —susurró su madre, acercándose a la cama—. ¡Ay, mi niño!
    
    Daniel intentó sonreír, pero el dolor y la somnolencia apenas le permitieron mover los labios. Su padre se limitó a tomarle la mano con firmeza, en silencio. Era su manera de estar presente: sin palabras, solo con un gesto de apoyo.
    
    —Todo va a salir bien —dijo ella, acariciándole el cabello—. La doctora Victoria nos explicó… fue una operación complicada, pero estás a salvo.
    
    Daniel ...
    ... cerró los ojos. No quería hablar. No podía. Las palabras pesaban como rocas.
    
    Permanecieron un rato, preguntando detalles, hablándole de trivialidades para distraerlo, como si eso sirviera de analgésico. Él apenas respondió. La anestesia seguía oprimiéndolo, y la mente se le iba a negros intermitentes.
    
    Cuando se marcharon, Daniel se sintió aún más agotado. Pero entonces ocurrió lo que esperaba, lo que en el fondo necesitaba: apareció Cloe.
    
    La verdad de Cloe
    
    Su voz suave rompió el silencio.
    
    —Daniel…
    
    Él abrió los ojos, y por primera vez en días, no sintió miedo al ver a alguien en el umbral.
    
    Cloe se acercó despacio, con la bata colgando del brazo y el cansancio en el rostro. No era la médico en funciones en ese instante, era la amiga, la confidente, la mujer que había corrido para salvarlo cuando otra lo había dejado caer.
    
    —Soy yo —añadió, como si necesitara recordárselo.
    
    Daniel intentó incorporarse, pero un gesto rápido de ella lo detuvo.
    
    —No, quieto. La infección es seria. Te provocará fiebre, dolor… necesitas reposo.
    
    Él asintió apenas.
    
    Cloe tomó asiento junto a la cama. Su mirada estaba cargada de gravedad, de esas que no se pueden disfrazar.
    
    —Daniel, voy a ser muy clara contigo. La operación la hice yo.
    
    Él parpadeó, incrédulo.
    
    —¿Cómo…?
    
    —Victoria me llamó, diciendo que no podía. Que le temblaban las manos. Llegué tarde porque el tráfico era imposible. Cuando entré, tu apéndice ya había estallado. Fue peritonitis. Estuviste grave ...
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