1. Compañeros - Capítulo 22: La que te debía


    Fecha: 09/06/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos

    ... dedos, abriéndolos un poquito para dilatar mejor. Empezó a sacarlos y volver a meterlos, con delicadeza pero sin pausa, simulando embestidas muy suaves. Para su alivio, notó que cada vez era más fácil el movimiento.
    
    Luis, por su parte, comenzó a sentir que la intrusión ya no era todo molestia. Había un atisbo de… ¿placer? Todavía difuso, como un cosquilleo interno. Cuando Miguel curvó un poco los dedos hacia arriba, rozó un punto que hizo que, de improviso, un escalofrío deliciosamente intenso recorriera a Luis de pies a cabeza.
    
    —Ah… joder —gimió, esta vez en un tono muy distinto.
    
    Miguel sonrió, sabiendo exactamente lo que había encontrado—. Ahí está… —musitó, repitiendo la caricia de sus dedos sobre la próstata inflamada de su amigo.
    
    Luis soltó un gemido irreprimible y su semi-flácido pene dio un respingo, endureciéndose de nuevo casi al instante. Miguel notó la reacción y no pudo evitar reír quedamente.
    
    —Mira que eres fácil… —bromeó, aunque en el fondo se sentía inmensamente aliviado de ver a Luis disfrutando al fin.
    
    —C-callate… —Luis intentó replicar, pero Miguel justo presionó de nuevo en ese punto mágico y lo que salió de sus labios fue un largo suspiro de placer—. Mierda… así…
    
    —¿Te gusta? —preguntó Miguel casi en un ronroneo, acercando una mano al falo de Luis, que volvía a estar duro y goteando. Pasó un dedo por la gota transparente en la punta, regándola por el glande. Luis tembló.
    
    —Mgh… sí… —admitió con un hilo de voz. Sus inhibiciones se ...
    ... iban esfumando a medida que el placer le nublaba.
    
    Miguel decidió que ya estaba listo. Con mucho cuidado, retiró los dedos de dentro de Luis. El esfínter ofreció resistencia al soltar los dos intrusos, provocándole a Luis una breve sensación de vacío extraño.
    
    —¿Eh…? —abrió los ojos a medio asta, notando la ausencia.
    
    Miguel se incorporó y se subió a gatas sobre la cama, entre las piernas de Luis. Sus rodillas se hundieron en el colchón al alzarse, posicionándose. Con la mano, guio la punta de su polla enfundada en preservativo hacia la entrada dilatada y reluciente de gel.
    
    —Tranquilo… solo es el principio —anunció en susurro.
    
    Luis sintió el contacto firme del glande empujando contra su orificio. Tomó aire bruscamente; la circunferencia de Miguel era mayor que la de dos dedos, y su cuerpo lo sabía.
    
    —C-colócate bien… —atinó a decir. Instintivamente se llevó las manos tras las rodillas, sujetando sus piernas para exponerse mejor. Era una posición increíblemente vulnerable, pero no quiso pensar en eso. En su lugar, centró la vista en Miguel, en sus ojos oscuros ardiendo de deseo y en la vena de su cuello marcada por la tensión. Su amigo se mordía el labio inferior con concentración mientras dirigía su miembro a su objetivo.
    
    —Despacio… —prometió Miguel al sentir el besito húmedo de su punta contra el anillo prieto. Empezó a empujar suave.
    
    La cabeza de su polla hizo presión, resistiendo un poco. De repente, con un pequeño plop, el glande logró abrirse paso y se ...
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