1. Compañeros - Capítulo 22: La que te debía


    Fecha: 09/06/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos

    ... dispuesto a darle la razón tan fácil.
    
    —Puede… —cedió, ladeando la cabeza—. Pero sigo pensando que me debes una, Carlota. Y justo este finde te vas a quedar solita…
    
    Carlota abrió la boca, fingiendo ofensa—. ¿Solita? Oye, que tengo planes.
    
    —¿Ah, sí? —Miguel frunció el ceño divertido—. ¿Planes mejores que conmigo?
    
    —Igual de buenos —bromeó ella—. Cine con Daniela, brunch con mis primas… —Enumeraba con los dedos mientras caminaban entre percheros—. Y quién sabe, quizás llamo a mi amigo Paolo para que me haga compañía… —soltó de golpe, con una risita provocadora.
    
    Miguel entrecerró los ojos y apretó la mandíbula, exagerando un gesto celoso—. Ni se te ocurra, tía. Una vez vale, dos ya sería vicio —refunfuñó empujándola suavemente con la cadera. Carlota se echó a reír.
    
    —¡Era broma! —logró decir, girándose para abrazarlo por el cuello. Estaban en medio de la sección femenina, rodeados de ropa. La gente pasaba a su alrededor, pero en ese instante Miguel y ella se aislaron. Carlota acercó sus labios a los de él en un beso corto pero intenso. Miguel pudo saborear el chicle de menta que ella mascaba y oler el perfume dulce de su cuello—. Sabes que como tú no hay ninguno —susurró contra su boca—. Mis chicos guapos… —Añadió eso último en tono travieso, y Miguel no supo si se refería solo a él o incluía también al italiano en el recuerdo. Poco importó: el cosquilleo familiar del deseo ya se instalaba en su abdomen.
    
    —Tsk, qué lista… —Miguel sonrió y le mordió suavemente ...
    ... el labio inferior antes de separarse un poco. Tragó saliva, notando de golpe la atmósfera cargada entre ambos. Carlota tenía las mejillas levemente sonrosadas y respiraba más profundo. Él se pasó la lengua por los labios, saboreando el resto de menta que le dejó—. Oye —cambió de tema de pronto, carraspeando—. ¿No ibas a probarte un bikini o algo? Dijiste que necesitabas para el verano, ¿no?
    
    Carlota parpadeó, aún recuperándose del beso, y tardó un segundo en responder—. Ah… sí. ¡El bikini! —Recordó, sacudiendo la cabeza para aclararse—. Vi uno monísimo por aquí, espera… —Lo tomó de la mano y tiró de él por la tienda con entusiasmo renovado.
    
    Miguel la siguió esquivando a un par de adolescentes que casi chocan con ellos. Verla tan contenta lo hizo sonreír. Por unos minutos, recorrieron el local escogiendo un par de prendas: el bikini, un vestido veraniego color verde oliva que a Carlota le había gustado, y Miguel incluso se animó a agarrar una camiseta para él. Bromeaban sobre qué talla le cabría a Luis si intentara ponerse el vestido.
    
    Finalmente se dirigieron a los probadores del fondo, cargados de ropa. Una empleada les cedió un puesto amplio, corriendo la cortina para que Carlota entrara. Miguel se apoyó fuera, esperando.
    
    —¿No vas a pasar? —preguntó Carlota desde dentro, asomando la cabeza con picardía.
    
    Miguel arqueó las cejas—. ¿Contigo? Eh… no creo que debamos, nos van a decir algo.
    
    Carlota chasqueó la lengua—. Bah, tonterías. He visto a parejas meterse ...
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