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Compañeros - Capítulo 22: La que te debía
Fecha: 09/06/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos
... juntas mil veces. Anda, entra, que quiero que opines. Antes de que pudiera objetar más, Miguel se coló tras ella en el probador, cerrando la cortina. Era un cubículo no muy grande, con espejo de cuerpo entero y un banquito plegable. La luz blanca caía directa desde el techo. De pronto, la intimidad del espacio reducido les envolvió. Miguel se sentó en el banquito mientras Carlota colgaba las prendas de una percha en la pared. —Primero el bikini —anunció ella alegremente, comenzando a quitarse la blusa sin pizca de vergüenza. Miguel tragó, admirando cómo la prenda caía al suelo y dejaba al descubierto su sujetador de encaje blanco. Carlota le dedicó una mirada coqueta por encima del hombro mientras desabrochaba el botón de sus shorts y los deslizó por sus piernas, quedándose en ropa interior. —¿Te gusta el conjunto? —bromeó, girándose lentamente. Llevaba un culotte blanco semitransparente que se ajustaba a sus caderas estrechas. Miguel sintió que se le secaba la garganta. La cercanía, el reflejo de los dos en el espejo estrecho, el perfume flotando en el ambiente… Todo contribuía a acelerar su corazón. —Mucho —consiguió responder con media sonrisa. Sus ojos recorrieron la figura delicada de Carlota: desde sus clavículas hasta la curva suave de sus pechos, apenas cubiertos por el encaje; bajando por su vientre plano y la cinturita marcada, hasta esa prenda mínima que dejaba adivinar más de lo que ocultaba. Notó un calor denso despertando entre sus ...
... piernas. Carlota sonrió satisfecha al ver su reacción. Sin más preámbulos, se quitó el sujetador, liberando sus senos pequeños y firmes, de pezones rosados que ya se veían duros. Miguel contuvo un suspiro al verlos; nunca se cansaba de esa vista. —Ayúdame con esto —pidió ella suavemente, extendiéndole la parte superior del bikini. Miguel se levantó del banquito para atar las cintas tras su espalda. Sus dedos rozaron la piel tibia de Carlota, y notó cómo ella se estremecía apenas con el contacto. A propósito, deslizó las manos por sus costados al retirar las suyas. Carlota le lanzó una mirada de advertencia divertida a través del espejo. —¿Qué? —preguntó él en tono inocente, colocando luego las tiras inferiores del bikini a la altura de sus caderas—. Solo estoy cumpliendo órdenes. Carlota negó con la cabeza, sonriendo, y ajustó ella misma la braguita del bikini por encima del culotte que aún llevaba puesto. Se giró hacia el espejo, examinándose. Era un bikini azul oscuro de corte brasileño, sencillo pero favorecedor. —Te queda genial —comentó Miguel, sinceramente. Aunque en su opinión cualquier cosa (o nada) le quedaba genial a ella. —¿Sí, verdad? —Carlota se giró haciendo un pequeño desfile para él en el estrecho espacio—. A tus amigos se les va a caer la baba cuando me vean en la playa en verano —añadió con malicia, solo para picarlo un poco más. Miguel puso los ojos en blanco y la agarró de la cintura, atrayéndola hacia sí—. Eres imposible, ¿lo sabías? Carlota ...