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Compañeros - Capítulo 22: La que te debía
Fecha: 09/06/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos
... en un gesto de ansiedad deliciosa. Miguel deslizó una mano hasta el chocho húmedo de Carlota y rozó con un dedo sus pliegues ardientes. Ella dejó caer la cabeza contra su hombro, cerrando los ojos. —¿Así…? —susurró él, entreteniéndose en pasar la yema del dedo corazón por toda la hendidura resbaladiza. Apenas la había tocado y ya la sentía caliente y empapada—. Joder, estás mojadísima… Carlota asintió con la cabeza, tragando saliva para no gemir muy alto. Se cubrió la boca con una mano, tratando de recordar que estaban en un probador y no solos en su habitación. Pero qué difícil era pensar con los dedos de Miguel deslizándose por su coño con tanta maña… Él encontró su clítoris y lo frotó con suavidad circular, provocando que las piernas de Carlota flaquearan un segundo. —Siéntate… —le indicó Miguel en un susurro apresurado. La guió para que se apoyara con la espalda contra el espejo y luego fue flexionando las rodillas de ella hasta que Carlota quedó sentada en el banquito, de frente a él. La imagen era para enmarcar: Carlota sentada medio desnuda, las piernas abiertas y temblorosas, y Miguel arrodillado frente a ella en el estrecho espacio. —Miguel… nos van a pillar… —logró articular ella, aunque sus manos ya estaban en la nuca de él, alentándolo a continuar. —Calla… —pidió él, pero con ternura, mirándola a los ojos un instante antes de inclinarse entre sus muslos. Carlota tuvo que morderse el puño para no gemir fuerte cuando sintió la lengua tibia de ...
... Miguel lamer directamente su coño. Él había apartado a un lado la tela del bikini que aún tapaba en parte la vulva, y ahora probaba su sabor sin reservas, enterrando la cara entre sus muslos con hambre. La primera lamida, lenta y de abajo arriba, le arrancó un temblor. A la segunda, Carlota echó la cabeza atrás contra el espejo, respirando entrecortado. Miguel adoraba hacerle eso. No importaba dónde: el sabor dulce-salado de Carlota y la forma en que su cuerpo reaccionaba siempre lo enloquecían. Saboreó sus pliegues con la lengua plana, subiendo hasta el botoncito hinchado. Lo rodeó y lo chupó suavemente, y sintió las uñas de Carlota clavándose en sus hombros a través de la chaqueta. —Mmm… ahí… —escapó la voz ahogada de ella. Su otra mano seguía cubriendo su boca, consciente de que un gemido demasiado alto podría delatarlos. Pero Miguel sabía cómo hacerla perder el control. Alternó los movimientos exactos que sabía que a ella le gustaban: presión lenta con la punta de la lengua sobre su clítoris, luego descender a su entrada y penetrarla con la lengua todo lo profundo que podía. Repite. Arriba y abajo. Cada vez más rápido. Carlota sollozó de placer. Abrió más las piernas como pudo, con las rodillas temblando ya. Sentía oleadas de calor recorriéndole el vientre. Aún con la boca tapada, pequeños jadeos escapaban de su garganta. Miguel los escuchaba, y escuchaba también los sonidos húmedos de su propia lengua trabajando en ese coño mojado. Eran obscenos y excitantes. Su ...