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Un don caido del cielo. Capítulo 1 El inicio
Fecha: 15/06/2026, Categorías: Control Mental, Autor: Casado Curioso, Fuente: TodoRelatos
... respiraciones jadeantes llenan la habitación. Laura se baja de la cama, limpiándose la boca con el dorso de la mano. Su uniforme está arrugado, manchado de fluidos, pero su sonrisa es de pura satisfacción. —Laura: Visita terminada. —Anuncia, ajustándose la falda—. Mañana mismo, repasamos el tratamiento. Laura, recogiendo su termómetro del suelo, lanza una mirada cómplice. —Laura: El informe dirá que hubo… actividad cardiovascular intensa. Beneficiosa para la recuperación, por supuesto. —Ajusta su coleta deshecha y sale con un taconeo firme, dejando la puerta entreabierta. Se va dejando tras de sí el olor a sexo, sudor y poder. Marta se derrumba a mi lado, su cuerpo marcado, su coño todavía palpitando contra mi costado. Y yo, aquí, con la polla flácida y la cara embadurnada, sé que nada volverá a ser igual. La habitación queda en un silencio cargado, un silencio agradable, luminoso. Marta se incorpora del sillón con una sonrisa tímida, arreglando su blusa desabrochada con dedos que aún tiemblan levemente. Su pelo está revuelto, sus labios hinchados, pero su voz es sorprendentemente casual al hablar. —Marta: Vaya revisión médica, ¿eh? —Comenta, enderezando los cojines del sillón con un golpe seco. —No sé tú, pero yo voy a pedir que me ingresen más a menudo. Su risa es nerviosa, pero genuina. Se acerca a la cama y comienza a estirar las sábanas arrugadas con movimientos de enfermera experta. Cuando llega a mis pies, su mano se desliza bajo la tela con ...
... falsa discreción. Sus dedos acarician mi muslo, subiendo hasta rozar la base de mi polla flácida y sensible. —Marta: Menos mal que no tienes sensibilidad en este lado —murmura, pellizcándome suavemente el vello púbico. —O esto sería tortura china. Marta termina de arreglar la habitación y se sienta en el borde de mi cama. Su mano sigue bajo las sábanas, trazando círculos lentos en mi abdomen inferior. —Marta: ¿Sabes lo más raro? —Sus dedos bajan hasta enredarse en mi vello púbico. —Que no me siento culpable. Ni avergonzada. Como si… —Hace un gesto vago con la mano libre. —Como si hubiéramos quitado una capa de mugre que llevaba años pegada. Su toque se vuelve más firme, más deliberado, aunque sigue siendo tierno. No hay urgencia ahora, solo una intimidad nueva y frágil. La tormenta ha pasado, y lo que queda es este extraño remanso de complicidad. Su mano se detiene, no por pudor, sino para saborear el momento. Luego retoma el movimiento, lento y reconfortante, hasta que mis párpados empiezan a pesar. Marta se acurruca a mi lado izquierdo, el único funcional, enterrando su nariz en mi cuello. —Marta: Duérmete, idiota. Mañana toca rehabilitación… —Susurra, y su aliento caliente en mi piel es la última cosa que registro. —Y ya sabes lo que eso significa. El pitido rítmico de los monitores se mezcla con su respiración regular. En la cama vacía de al lado, una mancha húmeda en la sábana brilla bajo la luz de la luna. Fuera, el chasquido de los tacones de Laura se ...