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Un don caido del cielo. Capítulo 1 El inicio
Fecha: 15/06/2026, Categorías: Control Mental, Autor: Casado Curioso, Fuente: TodoRelatos
... termómetro digital de su bolsillo y, con una lentitud que es pura tortura, se inclina y empieza a desabrocharle la blusa a mi mujer. Uno por uno. La tela se abre, revelando un sujetador de encaje blanco que lleva meses sin ponerse. Con la excusa de colocar el termómetro en la axila, los nudillos de Laura rozan, como por accidente, la curva superior del pecho de Marta. Mi mujer suelta un gemido ahogado y cierra los ojos. El termómetro queda olvidado en la mano de la enfermera. La escena que sigue no pertenece a este mundo. No a mi mundo, al menos. La mano de Laura, ahora libre de cualquier pretexto médico, se posa con una delicadeza firme sobre las tetas cubiertas de encaje de Marta. Mi mujer echa la cabeza hacia atrás, ofreciendo su cuello. Veo cómo el pulgar de Laura empieza a masajear el pezón ya duro, que se marca con descaro a través de la tela. Luego, se inclina y su boca encuentra la piel del cuello de Marta, trazando un camino de besos húmedos hacia su oreja. Esto no es real. Estoy alucinando. Es el puto rayo, me ha frito el cerebro y estoy en un sueño del que no voy a despertar. Pero los sonidos son reales. El susurro de Laura al oído de Marta. El gemido bajo y gutural que sale de la garganta de mi mujer cuando la enfermera le muerde suavemente el lóbulo de la oreja. La forma en que el cuerpo de Marta se arquea en el sillón, buscando más contacto, entregándose por completo. Estoy aquí, inmóvil en esta cama, y soy el espectador de una fantasía que ...
... ni en mis sueños más salvajes me habría atrevido a construir con tanto detalle. Pero no soy solo el espectador. Soy el puto guionista. Y me está poniendo como un animal enjaulado. Laura se aparta del cuello de Marta, dejando un rastro brillante de saliva sobre su piel. Su mirada baja, deliberada, hacia el escote abierto. Sus dedos, con una lentitud experta, enganchan el borde del sujetador de encaje y tiran de la copa hacia abajo. El pecho derecho de Marta se derrama por encima de la tela, pálido y lleno, su aureola tensándose por el frío y la anticipación. La boca de Laura se cierra sobre él sin vacilar. No es un beso; es un acto de posesión. Empieza a succionar con una avidez que me pone berraco con la polla como el marmol, y su otra mano no se queda quieta: aprieta y masajea el otro pecho, todavía cubierto, a través de la fina tela del sujetador. Marta jadea, un sonido agudo y animal. Sus dedos se clavan en la tapicería del sillón y sus caderas se levantan instintivamente, buscando un contacto que no está ahí. Laura levanta la cabeza un momento. El pezón de mi mujer está oscuro por la humedad, duro y erguido. Joder. Sin una palabra, repite la operación en el otro lado. Baja la segunda copa de encaje y ataca el pezón izquierdo con la misma ferocidad, alternando succiones largas y profundas con lametones rápidos y ásperos de su lengua. Los tiene como dos putos picahielos. Duros como piedras. El pensamiento es crudo, vulgar, y se forma solo en mi mente mientras ...