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Un don caido del cielo. Capítulo 1 El inicio
Fecha: 15/06/2026, Categorías: Control Mental, Autor: Casado Curioso, Fuente: TodoRelatos
... desperté, el miedo que siento no tiene nada que ver con el rayo. Tiene que ver con lo que me está pasando. La puerta se abre y la enfermera, la misma diosa del uniforme ajustado, entra a la habitación. Se mueve con profesionalidad, directa hacia el panel de monitores. ¡Mierda! ¡Ahora no, joder! Pienso, con una punzada de pánico. Justo ahora que se estaba abriendo. En cuanto vea a la enfermera, se callará en seco y volverá a ser la Marta de siempre. Pero Marta no se calla. Gira la cabeza, ve a la enfermera, le dedica una sonrisa breve y educada, y luego vuelve a clavar sus ojos en los míos, como si no hubiera nadie más en el universo. Sigue hablando, su voz un hilo de seda cargado de veneno y deseo. —Marta: Y a veces… ni siquiera eres tú quien me domina. Mi cerebro se detiene. No me lo creo. La ha visto, le ha sonreído… y sigue. Como si no estuviera. Como si estuviéramos solos. El pulso me martillea en las sienes. —Marta: A veces me imagino a otra mujer… una que sepa lo que quiere. Que me coja, que me bese con fuerza… que me coma el coño hasta hacerme gritar… Siento la mirada de la enfermera sobre nosotros. Giro la cabeza disimuladamente. La tía está quieta como una estatua frente al monitor, pero sus ojos no están en los números. Están fijos en Marta. Su profesionalidad se ha evaporado. Le he visto morderse el labio inferior, casi de forma imperceptible, y su respiración es un poco más profunda. Joder… le está poniendo la conversación. —Laura: ...
... Joder, qué par… Escuchar a esta mujer hablar así… me está poniendo el coño como un grifo abierto. Qué morbo me dan. Ojalá me invitaran a la fiesta, porque me los comía a los dos ahora mismo. Marta continúa, ajena a todo, o quizás, disfrutando del público inesperado. —Marta: …que me lamiera los pezones mientras me folla con la lengua, sentir su pelo en mis muslos… Miro a Marta, desatada y vulnerable como nunca la había visto. Miro a la enfermera, paralizada por el deseo. Y me miro a mí, tumbado en esta cama, impotente y, sin embargo, el director de orquesta de esta locura. Esto no es una puta casualidad. Está pasando de verdad. Lo que yo quiero… sucede. La respiración de Marta se vuelve un jadeo corto y entrecortado. Sus ojos, fijos en los míos, brillan con una humedad que es puro deseo. Su mano, que hasta ahora reposaba nerviosa sobre su pecho, se mueve con una lentitud deliberada. Sus dedos se cierran sobre la tela de la blusa, justo encima de su pezón, y empieza a frotarlo en pequeños círculos, un gesto de autoerotismo inconsciente y brutalmente explícito. —Laura: Estás un poco colorada. - La voz de la enfermera corta el aire, falsamente profesional. Se acerca a Marta, que sigue sentada en el sillón. - Si no te importa, te voy a tomar la temperatura. Es una excusa. Una excusa de mierda. Mi cerebro entra en modo de alerta. La va a cortar. Se acabó el show. Pero Marta no se aparta. Solo asiente, con la mirada perdida, como en un trance. Laura coge un ...