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Dos amigos de mi hijo me follan por todos lados
Fecha: 16/06/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Juan, Fuente: TodoRelatos
... Teo, pon música. Mientras organizábamos la noche, me quedé pensando. ¿Con quién me quedaría? Teo, que siempre había estado alrededor de Lucas, había resurgido como un oleaje suave o Adrián, que ha aparecido este año como una corriente eléctrica que me amenaza con provocarme un cortocircuito. Miré a los dos. Cuando Adrián regresó con las cervezas, del movimiento generaron presión, y al abrir la suya, enfocó el chorro sobre mí, llenándome de cerveza la barriga. —Sois unos gamberros —exclamé riéndome—. Ahora tengo que lavarme. —No hace falta. Me la voy a beber a morro —dijo saltando sobre mí, chupándome la barriga. Sin dejarme reponer de su acción, Teo agitó repetidas veces su bote y lo abrió contra mí procediendo con el mismo ritual pero apuntando más arriba. Con toda naturalidad lamió mis tetas por encima del top del bikini. Me lancé a la piscina a limpiarme la cerveza y los dos me siguieron. Teo me subió sobre sus hombros y me lanzó contra Adrián, que no pudo evitar al sujetarme, tocarme las tetas. Nos miramos sonrientes. —Hay límites ¿eh? —le dije sin enfadarme. —Fue sin querer. Salimos del agua para acabar de picar algo, el ambiente ya era distendido, me habían llevado a su terreno, con la música, las guarradas que decían, sus risas y la naturalidad con la que se lo tomaban. Abrimos una botellita de vino Verdejo, muy frío que cayó antes de terminar la cena. Mientras yo pasaba la carne por el fuego, Teo me daba toques en el culo, lo tienes de ...
... escándalo, me susurraba. Sin pensarlo, eché mano a su polla. —Quién a hierro mata a hierro muere —dije riendo. Lo pasábamos fenomenal, una tarde-noche tan diferente de las que pasaba habitualmente. Abrimos una segunda botella. En casa nunca faltaban bebidas, y con la carne que estaba tan tierna, abrimos la tercera. Eran unos chicos gamberros pero divertidos, de una mentalidad muy abierta. Cuando saqué una tarta de helado, Teo esparció con los dedos lo que pudo coger sobre mis pechos, y acto seguido me los lamió sin necesidad de manchar un plato. Adrián sirvió un chupito de orujo. —¿Solo uno? —pregunté ya animada de alcohol. Se acercó a mí. Se lo bebió de un trago y me dio un beso. Cuando abrí la boca me pasó parte del chupito. Me pilló tan descolocada que serví otro e hice lo mismo con Teo, besándolo y pasándole parte del chupito. —¡Por nosotros! —brindó Teo—. Y por el polvo que le voy a echar a Pilar. —¡Alto, alto! —grité—. Aún no he dicho que vaya a haber polvo y si lo hay, con quién sería. —Dijiste que decidirías al final de la cena. Sus caras eran las de un niño que dejas sin cenar. En realidad, la noche era deliciosa y no quería que se fueran. —Aún estamos en el postre —respondí como si considerara la opción —¿Pero te encuentras bien? —preguntó Adrián con cierta ternura. No podía ocultarlo que me sentía halagada y feliz. —Sí, estoy bien, sois un cielo los dos. —Si los dos te gustamos, ¿por qué decidirte por uno de los dos? Los ...