1. Mi primera vez - Parte 2


    Fecha: 25/06/2026, Categorías: Gays Autor: LorienWhisper, Fuente: TodoRelatos

    ... clarita y estirada, y el glande brillante, rosado, casi morado del calor. Latía. Literal. Sentía el pulso ahí.
    
    Los testículos estaban un poco pegados al cuerpo por el calor. Suaves, arrugados, de ese color entre piel y rosa pálido. Todo eso, expuesto. Para él. Que me miraba con una mezcla de ternura y ganas.
    
    — Hola de nuevo hermoso —le dijo.
    
    Y yo… no supe qué hacer. ¿Taparme? ¿Agradecerle? ¿Desmayarme?
    
    Me lo tomó con una mano. Lo acarició desde la base, lento. Después empezó a masturbarme. Su mano estaba caliente, su ritmo era suave, como si supiera exactamente cómo me gustaba… aunque nunca nadie me lo había hecho.
    
    —Aah… mmhh… —jadeé sin poder callarme.
    
    Con la otra mano me tocó los testículos, los acarició, los sostuvo como si fueran frágiles. Todo mi cuerpo temblaba. Se me doblaban las piernas.
    
    Su boca bajó de nuevo por mi abdomen. Me besó el ombligo. La pelvis. Y se detuvo justo ahí.
    
    Y de pronto, me giró.
    
    Así, sin aviso. Me tomó de la cintura y me dio la vuelta. Yo quedé de espaldas. Expuesto. Vulnerable. Sentía el aire en la espalda. En las nalgas.
    
    Sus manos me acariciaron. Me apretó las nalgas como si fueran pan caliente. Las separó apenas. Me rozó el ano con los dedos. No lo tocó del todo, pero estuvo cerca. Tan cerca que me tensé entero.
    
    —Ngh… mmhh… —me salió como un suspiro, con las piernas temblando.
    
    —Tienes un culo perfecto —me dijo. Y me besó ahí. La espalda baja. Luego una nalga. Luego la otra. Y más abajo. Muy abajo.
    
    Casi ...
    ... me corro solo de eso.
    
    Pero me giró otra vez. Me dejó de frente. Yo ya era un desastre. Sudado, erecto, temblando. Y entonces me besó el glande. Solo eso. Un beso. Y luego, me lo chupó.
    
    —Aah… aah… —gemí. Era como si me besara el alma.
    
    Su lengua me recorrió lento. Me lo lamió todo. Lo succionó. Primero la mitad. Luego más. Iba y venía. Despacio. Sin apuro. Como si quisiera saborearme, no solo hacerme venirme.
    
    —Sí… sí… así… nghh… —jadeaba yo, con la voz entrecortada.
    
    Yo no sabía si gritar, llorar, pedirle que no parara o venirme ya. Todo eso al mismo tiempo.
    
    Y entonces…
    
    —Me… me voy a venir… —le dije, como si fuera un aviso de emergencia.
    
    Y él, en lugar de seguir, paró.
    
    Me besó la punta y se incorporó. Me dejó ahí, temblando, con el pene palpitando y el alma a punto de explotar. Caminó hasta la cama. Se dejó caer de espaldas, sin decir nada. Abrió los brazos. Me miró.
    
    Y supe lo que quería.
    
    Era mi turno.
    
    Me acerqué. Tragué saliva. Me subí a la cama, gateando como idiota. Me puse de rodillas a su lado. Me temblaban las manos. Me sentía torpe, chico, inexperto.
    
    —Haz lo que quieras —me dijo—. Soy todo tuyo.
    
    Dios.
    
    Tocarlo era como tocar fuego. Su abdomen era duro. Caliente. Le bajé el pantalón. Se lo desabroché. Le bajé el cierre. El bóxer estaba tenso. Su erección se notaba brutal.
    
    Lo bajé con las dos manos.
    
    Y ahí estaba.
    
    Su pene era más grande que el mío. Más grueso. Moreno. Con el glande redondo y húmedo. Los testículos pesados, ...
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