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El nuevo inquilino le enseña a mi madre a ser una buena puta y a mi hacer una persona responsable
Fecha: 02/07/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Incesto Sexo en Grupo Autor: lordlunatico, Fuente: SexoSinTabues30
... del momento era abrumadora. Podía ver cómo el placer se apoderaba de ambos, y aunque una parte de mí sentía repulsión, otra parte estaba fascinada por la escena. La forma en que Alberto movía sus caderas y cómo mi mamá respondía a cada embestida era hipnótica. Después de unos minutos de intenso placer, Alberto alcanzó el orgasmo y se vino dentro de mi mamá. Ella, con el cuerpo tembloroso, también alcanzó el clímax y se dejó llevar por el éxtasis. Ambos se quedaron en silencio, recuperando el aliento, mientras yo, desde la puerta, observaba la escena con una mezcla de shock y excitación. Finalmente, me alejé de la puerta y regresé a mi habitación, con la mente llena de preguntas y dudas. No podía creer lo que había visto, pero también sentía una extraña excitación. Sabía que lo que había sucedido estaba mal, pero no podía negar el deseo que había sentido al ver a mi mamá y a Alberto juntos. Al día siguiente, todo parecía normal. Mi mamá y Alberto actuaban como si nada hubiera pasado, y yo trataba de mantener la calma. Al día siguiente, todo parecía normal. Mi mamá y Alberto actuaban como si nada hubiera pasado, y yo trataba de mantener la calma. Llegó por fin el fin de semana. Era domingo y yo estaba jugando en mi laptop en la sala. «Oye, Jacobo, iré a la cancha de básquet. ¿No quieres venir?», me dijo Alberto. «No, gracias. Estoy bien así», le respondí. «Deberías ir, hijo. Te va a caer muy bien salir un rato», dijo mi mamá. Apagué mi laptop. «Qué flojera ir a estar ...
... lanzando una pelota a un aro. Mejor me voy a otro lado», dije y me salí de casa. Me fui a dar una vuelta a un centro comercial. Me comenzó a dar hambre, pero no llevaba dinero, así que no me quedó otra que regresar a casa para comer. Regresé a casa y escuché ruidos provenientes de la cocina. Curioso y un poco nervioso, me acerqué sigilosamente a la ventana. Lo que vi me dejó sin aliento. Mi mamá estaba de pie, con los senos al descubierto, y Alberto detrás de ella. Mi mamá llevaba una minifalda de mezclilla y una blusa de tirantes. Alberto presionaba los senos de mi mamá con ambas manos, acariciándolos suavemente. Mi mamá tenía los ojos cerrados y parecía disfrutar del momento. Decidí entrar y solo vi como mi madre se dio vuelta y de alguna manera se acomodó la blusa y el sostén. «Hijo, hola. ¿Cómo te fue?», me dijo toda nerviosa. «Bien. ¿Qué hay de comer?», pregunté. «Alberto hizo lasaña. En un momento te sirvo», dijo mi mamá. Alberto se contenía las ganas de reír y mi mamá lo veía con cara de «vas a ver». —Alberto, ¿puedes ayudarme a poner la mesa? —preguntó mi mamá, tratando de mantener la calma. —Claro, Edith —respondió Alberto, con una sonrisa pícara. Mientras ponían la mesa, pude notar la tensión en el aire. Mi mamá y Alberto se miraban de reojo, y yo sentía una mezcla de curiosidad y molestia. La situación era incómoda, pero también había algo excitante en el aire. —Jacobo, ¿quieres ayudarnos a servir la comida? —preguntó mi mamá, tratando de actuar ...