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🔥 Sudor, Hormonas... y Marcos (5)
Fecha: 06/07/2026, Categorías: Gays Autor: internauta, Fuente: TodoRelatos
Subo detrás de ellos al piso de Diego. El pasillo está medio en penumbra. El corazón me va a mil. En teoría no va a pasar nada… pero sé de sobra que estos cabrones son capaces de cualquier cosa. Y yo, mientras subo, sigo atrapado en los audios de WhatsApp que me mandó Diego, con esa amenaza velada de que si no venía, me iba a arrepentir. Al entrar, todos van riendo, bastante pasados de copas. Se tiran en los sofás como si fuera su guarida, uno incluso se deja caer al suelo, apoyando la espalda en la pared. Empiezan a sacar más latas de cerveza, ya sin control. Diego, como siempre, más tranquilo, se recuesta en el sillón como si fuera el dueño del mundo, con el móvil en la mano, sin perderme de vista. Yo me quedo sin saber dónde sentarme y termino encajado en una esquina. Raúl suelta la primera coña: —¿No te acojona estar rodeado de tantos pavos? Se ríen todos. Incluso Javi le da un codazo al pelirrojo, Iván, para que me mire. Me río también, pero de forma nerviosa. Intento que no se note lo acojonado que estoy, aunque por dentro me arde la ansiedad. No tengo ni idea de qué va a pasar, ni qué esperan de mí, y al mismo tiempo me atraviesa un calor brutal al verlos tan sueltos, tan seguros de sí mismos. Esos cuerpos de gimnasio, las camisetas pegadas por los pectorales, algunos sudando un poco… y los pantalones marcados. Demasiado. Samuel, el más crío del grupo, suelta entre risas: —Tío, ¿y este sitio qué? ¿Una guarida de pajilleros? Diego responde sin ...
... alzar la voz, seco: —Calla, nano, que es gratis. Se ríen todos de nuevo. Intento dar un trago a la cerveza, pero la mano me tiembla. No pasa desapercibido. Diego sonríe apenas, y me clava los ojos: —¿Te pasa algo, Marquitos? ¿Te hace gracia o te da miedo estar aquí? Me revuelvo en el sitio, incómodo, me encojo de hombros. —No… no, estoy bien. Iván se suma, con media sonrisa: —Tío, que no pasa nada, ¿eh? Aquí no te vamos a follar.De momento. Las carcajadas estallan otra vez. Trago saliva, sintiendo cómo se me calienta la cara. Lo peor es que llevo media erección desde que entré. Porque, aunque me estoy muriendo por dentro, algo en mí —esa parte sucia, humillada, entregada— se enciende a lo bestia. Un fuego entre las piernas que me da ganas de suplicarles que lo hagan de verdad. Raúl le da un codazo a Samuel: —¿Ponemos la peli o qué? Samuel asiente rápido, con la cara encendida, y conecta el portátil a la tele. Diego ni se inmuta, sigue con el móvil como si esto no fuera con él. En la pantalla arranca una porno hetero, de esas con una rubia montando un pollón tremendo. El audio revienta por el salón y, de golpe, el aire huele a sexo. A algo denso. Asquerosamente excitante. Me quedo rígido. Veo la polla enorme del actor, los gemidos falsos de ella, y siento un nudo en el estómago. Me imagino —sin quererlo— en su lugar. No ella, sino yo. Siendo follado sin compasión. Y me recorre un escalofrío. Iván me mira, bebiendo a morro de la cerveza: —A ...