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Moneda de cambio
Fecha: 11/07/2026, Categorías: Anal Autor: kamataruk zarrio, Fuente: TodoRelatos
... que, en cuanto éste le lanzó el anzuelo en una de las fiestas de la facultad, ella lo mordió con caña y todo. Ya desde la primera noche en la que él se las arregló para quedar a solas le regaló eso que las chicas más guapas y selectivas no estaban dispuestas a dar a chicos malos como él, eso que con tanta devoción había guardado durante su adolescencia, eso que había prometido a su madre entregar única y exclusivamente al hombre que la llevase al altar y a nadie más. Su promesa y su himen se quebraron apenas treinta días después de haber abandonado el nido; aquella noche de Halloween en la que Héctor no dejó de regalarle los oídos hasta que obtuvo lo que estaba buscando. Vega le entregó la virginidad de sus tres agujeros la noche de difuntos, sin importarle las consecuencias, dejándose llevar más por las falsas promesas del muchacho que por la lujuria de su propio cuerpo. A partir de entonces la vida de la joven se transformó hasta unos extremos impensables para ella. No importaba el día ni la hora; bastaba una simple llamada de teléfono para que Vega acudiese allá dónde Héctor la necesitaba. En el coche, en su casa, en algún sórdido callejón o en los mismos baños de la facultad; el muchacho saciaba su apetito sexual con ella sin importarle lo más mínimo sus sentimientos. A pesar de que en teoría eran novios, rara vez salían juntos ya fuese de fiesta, de paseo o al cine. Ni tan siquiera quedaban para tomar un triste café en la cafetería de la ...
... universidad; es más, no era raro que Héctor ni siquiera la saludase cuando iba rodeado de compañía femenina. El chico la requería para una sola cosa y ella aceptó su destino con resignación; si su corazón albergaba alguna duda desaparecía en cuanto el chaval le sonreía. El coño se le ponía a punto de nieve tan sólo con un gesto cómplice de su amado. Vega no era tonta, aunque se lo hacía. La realidad le dolía demasiado. Sabía que la cornamenta que soportaba era de proporciones considerables, que su chico disparaba a todo lo que se movía y que se tiraba a cualquier golfa que le diese cuartel. A pesar de todo, era la novia oficial de Héctor y eso para ella era más que suficiente. Su grado de encoñamiento era tal que estaba dispuesta a hacer lo que fuese necesario para conservar su estatus de, si no la única, sí la primera. Por eso estaba allí aquella tarde en el piso de su novio y por eso iba a dejarse follar una vez más por aquellos babosos: estaba segura de que si ella no lo hacía, otra ocuparía su lugar de forma inmediata de buen grado. Vega se sintió feliz; Héctor rara vez la defendía y que intercediese por ella cual caballero andante resultaba una novedad sumamente agradable. Técnicamente hablando lo que para Héctor había sido una conversación fue en realidad un monólogo en el que explicaba a Vega su retorcida teoría sobre el amor libre, el intercambio de parejas y la fidelidad. La chica no decía nada cuando esto sucedía, se limitaba a asentir igual que los ...