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Adicta al incesto cap 14
Fecha: 12/07/2026, Categorías: Incesto Autor: LeonoreUsher, Fuente: TodoRelatos
Hola! siento la continuación, y de nuevo les digo que si me van a enviar algun correíto, por favor no me envíen fotos de sus miembros ni busquen chat hot, no es para eso. podemos hablar del incesto, familia, sexo pero hay limites :3 Capítulo 14 Marla me guió hasta su habitación y cerró con un portazo. Se paró delante de su mí y cruzó ambos brazos bajo sus pechos. —No puedes venir así, y lo sabes… La observé. Esa postura era puro teatro: la misma que usaba cuando quería poner distancia, pero que en realidad servía para esconder que estaba nerviosa. En otros tiempos, cuando vivíamos juntos, esa era la señal de que lo que venía no era una conversación, sino una guerra. —No estoy aquí para pedir permiso —le dije, manteniendo la voz baja. A veces, hablarle así la desconcertaba más que gritar. Ella estaba acostumbrada a que yo fuera impetuoso. —No me importa. Esta no es tu casa, Alex. No puedes entrar como si nada. Miré alrededor. La habitación había cambiado. O tal vez era yo el que ya no encajaba ahí. Todo olía distinto, menos ella. El perfume de Marla era el mismo: un aroma que siempre me recordaba que, aunque pasara el tiempo, nunca la dejé de desear. —Todavía tengo llave —respondí, mostrándole la media sonrisa que tanto le molestaba. —Pues dámela. —No. Vi un destello de rabia en sus ojos. Me gustaba verla así, con la mandíbula apretada, como si estuviera a punto de lanzarme algo a la cabeza. Esa rabia también la había visto en la cama. Era la ...
... chispa que hacía que las peleas se transformaran en algo completamente distinto. —Te juro que si vuelves a aparecerte sin avisar… —¿Qué? —di un paso hacia ella—. ¿Vas a correrme otra vez? No sería la primera vez, Marla. Sus palabras sonaban firmes, pero el leve temblor en su voz me dijo lo contrario. Me acerqué otro paso. Ella se quedó quieta. —Mientes muy mal. Bajé la vista a sus brazos cruzados, y sin brusquedad, los tomé y los separé. Su respiración se agitó apenas. Ese era mi Marla: la mujer que podía odiarme y quererme en la misma bocanada de aire. —Suéltame —dijo, pero con esa entonación que no es una orden, sino una advertencia. No lo hice. Apoyé la mano en la pared junto a su cabeza, inclinándome lo suficiente para sentir su aliento. Me encontré con la mirada que tantas veces me había hecho perder el juicio: desafiante, orgullosa, pero con ese brillo que aparecía justo antes de rendirse. —¿Te molesta que entre a tu casa o que todavía te conozca tan bien? —susurré. Ella apretó los labios y aunque lo intentó, no vi odio en sus ojos. Era algo más. Era deseo. Era ese vínculo enfermo que no muere aunque lo mates una y otra vez. Era saber que, por más daño que nos hiciéramos, siempre habría un rincón de nuestra historia que nos empujara de nuevo a este borde. Algo pasó por mi mente y, tras bajar mis manos a su cintura, la besé. Ella me devolvió el beso con rabia como si quisiera castigarme por todo. Y, de alguna forma, yo también la castigaba ...