1. Rojo intenso (2): Secreto en la oficina (parte 1)


    Fecha: 23/07/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: ElPecado, Fuente: CuentoRelatos

    ... todo era distinto.
    
    Esta vez no era la incertidumbre lo que latía entre ellos. Era la necesidad. La certeza de que el otro estaba ahí por decisión, por deseo… por algo que había estado escondido bajo años de trabajo, miradas furtivas y silencios compartidos.
    
    Cuando Ismael llegó al templo de su amor, Rosanna lo recibió sin palabras. Vestía una bata delgada, translucida, que dejaba ver la aureola de sus pezones, esta era apenas sostenida por un listón en la cintura. El cabello suelto, la piel brillante por el calor del vino y la ansiedad. Ismael, parado en la entrada, la observó como si fuera la primera vez, como si el mundo girara solo para alinearlo con ella.
    
    —Pasa —fue lo único que dijo.
    
    Y él obedeció.
    
    En cuanto se acercó, Rosanna lo abrazó con fuerza. Esta vez no lo empujó. Esta vez se sostuvo en él, con la mejilla contra su pecho, respirando hondo, como si lo hubiera esperado todo el día y al fin pudiera calmarse. Ismael le acarició la espalda, y por unos minutos, solo fueron dos cuerpos abrazados en el centro de una sala silenciosa.
    
    —¿Estás bien? —preguntó él, rompiendo el silencio.
    
    Ella lo miró a los ojos y le acarició la barba con los dedos.
    
    —Estoy mejor ahora. Pero… me vas a hacer sentir aún mejor.
    
    En la habitación, la bata ya estaba sobre el piso.
    
    Rosanna lo llevó hasta su cama, lo sentó en el borde y se subió sobre él lentamente, mirándolo desde arriba, su vulva envolvió su pene como si se tratara de un trono reservado solo para ella. Se ...
    ... movía con calma, con poder. Sus labios rozaban los suyos apenas, como un juego peligroso, como si quisiera provocarlo sin dejarlo caer aún.
    
    —Esta noche no hay prisa —dijo—. Esta noche quiero saborearte, Lucas. Quiero que grites como yo grité hoy.
    
    Él tragó saliva. La tensión le recorría la espalda. Sabía que ella lo estaba desarmando con cada palabra.
    
    —Tía… —murmuró.
    
    Ella sonrió.
    
    —Dímelo otra vez.
    
    —Tía… te deseo tanto que me duele.
    
    —Entonces, desahógate conmigo —susurró ella—. Esta cama es nuestra confesión.
    
    Se besaron largo, con lentitud, mientras sus cuerpos se alineaban, encajaban, se buscaban en una sincronía que ya no tenía vacilación. Los movimientos eran profundos, firmes, pero también cuidados. No había torpeza. Solo una intensidad contenida que iba creciendo como una tormenta.
    
    Y cuando los gemidos empezaron a escaparse —suaves, prolongados, sin control—, cuando los nombres salieron entre jadeos, cuando la respiración se volvió un idioma compartido… comprendieron que ya no podían llamarle “aventura” a lo que estaban viviendo.
    
    Ismael le acariciaba las nalgas con devoción. Ella le mordía el hombro suavemente. El vaivén de sus cuerpos llenaba la habitación, mezclado con frases rotas, suspiros y promesas que aún no sabían que estaban haciendo.
    
    Cuando llegaron al clímax, juntos, fue como la primera vez. Explosivo. Sagrado. Casi místico.
    
    Rosanna se quedó encima de él, apoyando su frente en la de Ismael. Sus dedos dibujaban círculos en su ...
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