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Rojo intenso (2): Secreto en la oficina (parte 1)
Fecha: 23/07/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: ElPecado, Fuente: CuentoRelatos
... de la cintura y la apretó contra sí. Sus cuerpos se reconocían ya sin miedo, con hambre. El escritorio tembló cuando ella lo empujó ligeramente hacia atrás y se sentó sobre él, con las piernas abiertas, con la blusa desabrochada mostrando el temblor de su pecho bajo el encaje. La falda se había subido sin cuidado alguno. Ella no parecía pensar en nada, solo en el momento, solo en él. —No sabes cuánto te necesito ahora mismo… —susurró entre jadeos, aferrándose a su camisa, arrancando botones sin paciencia. Los gemidos comenzaron a llenar la habitación. Al principio suaves, como suspiros apenas contenidos… pero fueron creciendo. Se volvieron más agudos, más sinceros. Rosanna no se cuidaba. Ya no había jefa, ni protocolos, ni jerarquías. Solo una mujer completamente rendida al deseo. Ismael la penetraba de manera salvaje, le besaba el cuello con fuerza, acariciaba su espalda, sus imponentes nalgas. Ella se inclinó hacia atrás, arqueando el cuerpo con los ojos cerrados, dejando escapar un grito suave que rebotó contra las paredes. —Lucas… más… no te detengas… —dijo en voz entrecortada. Los sonidos eran inevitables: respiraciones agitadas, el roce apresurado de la ropa, las palabras dichas sin pensar, gemidos que se mezclaban con el crujido de la madera del escritorio, y de vez en cuando, una exclamación de ella —un grito— que no era de dolor, sino de un placer tan hondo que la rompía por dentro. —No te imaginas… cuántas veces me imaginé esto —dijo él entre ...
... jadeos—. Aquí. Contigo. Escucharte así… Ella soltó una carcajada breve, ahogada por el vaivén de su propio cuerpo que lo reclamaba todo. —¿Y así me imaginabas, gritando tu nombre? —susurró, rozando su boca con la de él—. Pues escúchame bien, Lucas… Y volvió a gemir, sin contenerse. La escena se volvió un torbellino silencioso entre cuatro paredes selladas. Afuera, los empleados seguían trabajando. Nadie sospechaba. Nadie escuchaba. O eso creían. Minutos después, los dos quedaron quietos, respirando como si hubieran corrido una maratón emocional y física. Rosanna aún estaba sobre él, con el rostro hundido en su cuello, sudor en la frente, las piernas temblando. Ismael tenía las manos en sus nalgas, como si no quisiera soltarlas nunca, mientras su semen se disparaba en el interior de aquella hermosa mujer. —Esto ya no es solo lujuria, ¿cierto? —preguntó él en voz baja. —No —respondió ella, besándole el cuello suavemente—. Esto ya es algo que no se puede frenar. Se acomodó la ropa lentamente, al igual que él, sin soltar del todo la intensidad del momento. Antes de abrir la puerta, le susurró al oído: —Esta noche, en mi casa. Otra vez. Pero esta vez… no vamos a dormir. Y con una última sonrisa traviesa, volvió a su silla, cruzó las piernas y abrió su computadora como si nada hubiera pasado. Pero ambos sabían que algo había comenzado. Algo demasiado grande para esconder por mucho tiempo. La puerta se cerró con el mismo chasquido metálico, pero ...