1. Rojo intenso (2): Secreto en la oficina (parte 1)


    Fecha: 23/07/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: ElPecado, Fuente: CuentoRelatos

    El lunes por la mañana, las luces blancas del estudio de diseño llamado Crimson & Hues, zumbaban levemente, como si quisieran recordarles a todos que ya no era fin de semana. Las pantallas brillaban, los teclados repiqueteaban, y los clientes escribían correos llenos de urgencia artificial.
    
    Ismael estaba sentado frente a su computadora, con los audífonos puestos, pero sin escuchar música. Solo estaba… pensando. Recordando. Sintiendo aún en la piel el tacto de la noche del viernes. La forma en que Rosanna había gemido su apodo. La mirada de ella cuando le regaló aquella tanga, aquella prenda que ahora él guardada en una bolsa sellada dentro de su cajón más íntimo en su casa.
    
    El sonido de tacones lo sacó de su ensoñación.
    
    Era ella.
    
    Rosanna caminaba entre los escritorios con su porte habitual: erguida, elegante, inalcanzable. Vestía una falda entallada color vino y una blusa de seda negra. Ningún otro del equipo podía imaginar lo que había ocurrido apenas unas noches antes. Nadie, excepto él.
    
    Sus miradas se cruzaron.
    
    Ella no sonrió. Pero sus ojos… sus ojos hablaban.
    
    Un mensaje rápido en su computadora apareció:
    
    Rosanna: Entra a mi oficina en 5 minutos. Trae el diseño de la campaña.
    
    Pero ambos sabían que no era solo por eso.
    
    Cerró la puerta detrás de él. Rosanna estaba de pie junto a la ventana, dándole la espalda, como si contemplara el horizonte más allá de la ciudad.
    
    —¿Tienes el archivo? —preguntó, sin girarse.
    
    —Sí, tía, para ti tengo todo ...
    ... —respondió él, en voz baja pero firme.
    
    Ella sonrió. Se giró con calma, cruzando los brazos.
    
    —No digas eso aquí —murmuró, con una chispa peligrosa en los labios—. O me vas a obligar a besarte frente a todos.
    
    Ismael bajó la mirada, conteniendo una sonrisa. Era una mezcla deliciosa entre incomodidad y deseo. La tensión entre ellos era como un hilo delgado que podía romperse o enredarlos más con solo un gesto.
    
    —¿Y qué va a pasar con esto? —preguntó él, señalando el espacio entre ambos—. ¿Con lo que pasó?
    
    Rosanna caminó hacia él con paso lento. Colocó una mano en su pecho, suave, firme.
    
    —Eso depende… —susurró—. ¿Te asustas si esto no fue solo una noche?
    
    —No —respondió él, sin dudar—. Me asusta que lo haya sido.
    
    Ella asintió, en silencio. Lo observó con ternura, como si lo estuviera viendo con otros ojos. O con los mismos de siempre, pero ahora sin barreras.
    
    —Te deseo incluso aquí, entre estos escritorios. Pero hay que tener cuidado. No quiero perderte por un error.
    
    —Tía… —dijo él, con voz quebrada—. Si tú eres el error, no quiero tener la razón nunca más.
    
    Rosanna rio suavemente, le tomó la mano, y la apretó con fuerza.
    
    —Nos veremos esta noche, Lucas —dijo—. En mi departamento. De nuevo.
    
    —¿Con vino?
    
    —Con algo más fuerte.
    
    Y así, mientras él salía de la oficina con el corazón latiendo como si fuera el primer día, ella se quedó sola un momento, mirando la ciudad por la ventana.
    
    Sonriendo.
    
    Deseando.
    
    Planeando.
    
    Porque el fuego que ...
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