1. Espiando a la novia de mi hermano


    Fecha: 24/07/2026, Categorías: Voyerismo Autor: Voluptas, Fuente: TodoRelatos

    ... el interior de mis pantalones con una violencia humillante. El corazón me latía en los oídos. Respiraba por la boca, desesperado por no hacer ruido, con la polla tan dura que dolía. Me sentía como un criminal. incapaz de apartar la vista.
    
    Todo en esa habitación olía a sexo: el perfume empolvado de novia virgen, el calor que se adivinaba entre las medias y el encaje, la humedad que oscurecía apenas la tela blanca que le cubría el coño, como una mancha bendita. Esa braguita apretada al cuerpo, estirada contra los labios como si pidiera ser retirada a mordiscos.
    
    Era como estar viendo algo que ningún hombre debía ver. Un privilegio brutal. Una escena hecha para nadie, y, sin embargo, ahí estaba yo. Solo. Duro. Mirando. El encaje seguía pegado a su piel como un segundo coño. El sujetador le enmarcaba los pechos como dos ofrendas, respirando con ella.
    
    Y sus movimientos… tan suaves, tan lentos. Inocentes, pero cargados de una sensualidad involuntaria. Era como si su cuerpo hablara un idioma que ni ella entendía, pero que yo escuchaba claro, como una puta plegaria indecente.
    
    Apoyé la frente contra la puerta apenas entreabierta. Me sentí sucio. Excitado. Vivo. Y lo peor… o lo mejor… es que no podía, ni quería, detenerme.
    
    Me separé de la puerta a duras penas, con la respiración agitada, el pantalón tenso por la erección, y un sudor frío bajándome por la espalda. Me sentía como un maldito enfermo. Un Miron. Y, aun así, no podía dejar de verla, incluso con los ojos ...
    ... cerrados. Su imagen estaba tatuada en mi mente.
    
    La novia de mi hermano. Mi futura cuñada.
    
    Del otro lado del espejo, Maite también lo supo. No por un ruido, ni por un gesto. Lo sintió en la piel, como una corriente leve que recorre el aire justo antes de un temblor. Una presencia muda, contenida, que no necesitaba palabras.
    
    Se quedó un instante en silencio, sentada frente al tocador como si esperara que las paredes confesaran sus secretos…
    
    La habitación olía a rosas frescas, polvo compacto y algo más… algo íntimo. Sus muslos aún conservaban el calor de sus propias caricias. Sentía el pulso en la entrepierna como un tambor sordo, escondido bajo las capas de encaje y medias.
    
    Una sonrisa se dibujó en sus labios sin que nadie la viera.
    
    "Mon Dieu… qué impúdica eres, Maite", pensó, con ese dejo de coquetería parisina que su madre siempre le reprochó. "Si supiera cómo me corro frente al espejo…"
    
    El rouge rojo acarició sus labios como una lengua líquida. Delineó con precisión la boca que esa noche prometería fidelidad a otro hombre. Pero ahora, en su intimidad, era dueña de sí misma. De su cuerpo, de sus ideas sucias y sus confesiones no dichas.
    
    Se contempló con placer. El sujetador le levantaba los pechos como dos frutas maduras a punto de desbordarse, las medias firmes como abrazos de amante en la piel de sus muslos. Apretó ligeramente las piernas, sintiendo la humedad pegajosa entre ellas y el crujido leve de la tela mojada. Lo sabía. Desde hacía minutos lo ...