1. Espiando a la novia de mi hermano


    Fecha: 24/07/2026, Categorías: Voyerismo Autor: Voluptas, Fuente: TodoRelatos

    ... sabía.
    
    Alguien la observaba.
    
    Quizá fue el crujido sutil de la puerta. O esa respiración contenida que no era la suya. Pero no dijo nada. No se giró. No lo espantó. Siguió su danza lenta y meticulosa frente al espejo. Se exhibió sin pudor, como si el ritual de vestirse fuera una misa. ¿No es ese el poder de una novia? ¿Parecer virgen, mientras se sabe puta?
    
    Deslizó un dedo por el borde de su escote y bajó. Despacio. Entre los pechos. Rozando el encaje que cubría su vientre. Su piel vibraba. Y su mirada, fija en el reflejo, no parpadeaba.
    
    Se preguntó quién sería. ¿Su futuro suegro, ese hombre siempre tan correcto, pero con los ojos demasiado fijos cada vez que ella cruzaba la sala con un vestido corto? ¿El hijo de su prima, al que había sorprendido mirándole el culo descaradamente el día de la despedida familiar, con la boca entreabierta y un bulto tembloroso en los pantalones? ¿O quizás… era él?
    
    Su prometido. El único que conocía su corazón secreto. El que sabía que ese fuego bajo su piel no era histeria, sino hambre. El que no necesitaba palabras para quebrarla. Solo gestos.
    
    Como aquella noche.
    
    Él se lo pidió con esa voz suya, tan serena como firme. —Sin bragas. Solo la falda. Quiero que estés mojada mientras todos nos miran.
    
    Y ella, claro que obedeció. No solo porque lo deseaba. Porque le gustaba complacerlo. Porque cuando lo hacía, se sentía suya de verdad. Una mujer buena, de las que obedecen y sonríen. Una puta devota de su hombre.
    
    Eligió la ...
    ... minifalda más corta que tenía. Una negra, ceñida. Se sentó junto a él en esa cena elegante, con las piernas cerradas con esfuerzo y la humedad creciendo entre sus muslos como una mancha caliente.
    
    Él charlaba con sus colegas como si nada. Temas de inversiones, de bolsa, de campañas. Y mientras tanto, su mano, esa mano grande de dedos firmes, la acariciaba por debajo de la mesa, lenta, cruel, con maestría.
    
    Le abría las piernas con un dedo. Jugaba con la punta. La hundía un poco. Y otra vez, con esa sonrisa impoluta mientras hablaba de balances y márgenes. Ella no podía mirarlo. Solo se mordía la lengua para no gemir. Clavaba las uñas en la tapicería del asiento. Respiraba despacio, como si pudiera engañar a su cuerpo. Pero se vino. Se vino temblando, con los pezones marcando la blusa, con los ojos húmedos, con un estremecimiento que le recorrió la columna como un latigazo.
    
    Nadie lo notó. Nadie excepto él.
    
    Cuando se levantaron, ella tomó su brazo con la compostura de una señora. Sonrió a las esposas, saludó con educación. Y al salir, le besó la mejilla, como una esposa buena.
    
    Ese recuerdo la golpeó de lleno. Las piernas se le tensaron, el centro del cuerpo latía fuerte, empapado ya. Soltó un suspiro largo, sucio, que no tuvo a quién esconder.
    
    Olvidó dónde estaba.
    
    El vestido colgaba intacto, blanco, inmaculado, como una mentira suspendida en el aire. Las flores esperaban en silencio. El maquillaje, a medio terminar, se secaba en los pinceles como una promesa sin ...