1. Mi negro maravilloso, el inicio de la locura


    Fecha: 27/07/2026, Categorías: Sexo Interracial Autor: Isabel, Fuente: CuentoRelatos

    La locura realmente, inició con Márgaro, mi enorme negro poeta. Mi negrote costeño, mi palo, el que me atraviesa toda y me hace como su juguete, mi Márgaro lejano, con quien más o menos una vez al mes me pierdo por tres días de nada más que sexo espléndido y poesía, y mariscos con ron. Solo les diré, además, que tiene 32 años y empezamos en marzo de este año. Y desde entonces me envía poemas hasta que regreso a sus brazos y me parte en dos con su enormísima verga, enormísima pero cuidadosa. Me mueve como rehilete, como muñequita. Me hace sentir como un pluma como un juguete, como su sierva.
    
    Lo conocí de visita en su ciudad costera, cuando me metí a una lectura de poesía y uno de mis colegas me lo presentó, cuando acabó de leer. Hubo química de inmediato, pero él iba con su esposa, una flaquita guapilla que desde el primer día me vio con malos ojos. Seis meses después coincidimos, la noche en que besé a Alejo por primera vez, mientras Márgaro besaba a su señora y me comía con los ojos cada vez que su chica no lo veía. Tardaría casi tres años en cogerme, pero desde entonces me cogía con la mirada… y yo a él.
    
    Pero así llegó este año, que casi acaba y varios meses de ya no cogerme al hermoso Mariano… de que él ya no quisiera cogerme porque tenía su noviecita santa, así que tras mucho pensarlo, decidí convertirme en lo que ahora soy y que muchos definirían con una palabra altisonante de cuatro letras, que empieza con P y acaba con UTA. En esa decisión estaba una noche en mi ...
    ... cuarto de hotel, con una botella de wisqui al lado y el Facebook abierto… y yo coqueteando abiertamente con tres chicos: Nathaniel, que no daba su brazo a torcer; Julio, de rostro encantador y ojos seductores; y Enrique, el exuberante y gordito colega; cuando apareció en el Facebook el negro Margarito. Mi Mago.
    
    Entre el wisqui y el coqueteo con los otros tres, entre la hermosa mujer semidesnuda que miraba en el espejo y mi mano izquierda empapada con mis propios fluidos de esa especie de cibersexo que tenía con Julio (con los otros, puro coqueteo), se lo canté abierto al Mago: “Ay mi Mago —o algo así—, qué ganas de que estuvieras conmigo hoy, que estoy tan solita…” Me contestó que… que en dos semanas estaría en México.
    
    Esperé esas dos semanas como novia de pueblo, pensando en él todos los días, y lo fui a recoger al aeropuerto. Me puse un vestidito verde esmeralda mínimo, de una pieza, que se bien que está mejor para un burdel que para el aeropuerto, zapato de tacón, un toque levísimo de pintalabios, una braga de hilo dental que ya estaba empapada cuando él llegó y me abrazó como un oso, haciéndome sentir miedo, terror, vacío delicioso en el estómago y aún más ardor en la vagina.
    
    En mi auto, rumbo a su hotel, deslizó la mano por mis piernas, debajo del vestido: para eso era el vestido. El tacto de sus manos de poeta me erizaban los vellitos de la nuca pero no despegué la vista del frente (su avión aterrizó de madrugada y no había tráfico en el Circuito Interior. No ...
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