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Mi negro maravilloso, el inicio de la locura
Fecha: 27/07/2026, Categorías: Sexo Interracial Autor: Isabel, Fuente: CuentoRelatos
... hasta llegar otra vez a mis labios. Yo lo devoré, buscando mi sabor en su boca y rodeando su cuello con mis brazos y su torso con mis piernas, me subí en él. Mi vagina quedó peligrosa, deliciosamente cerca de su verga y nuestras partes empezaron a rozarse como jugando. —Métemela, toda, por favor —dije entre susurros. —Hazlo tu misma… sírvete —dijo él, sentándose en la orilla de la cama, conmigo atada a él por casi todos lados, menos el que más importaba en ese instante. Le mordí los labios y al escuchar su grito me deslicé en él. Era increíble sentirlo todo, todo, hasta adentro, empalada como cristiano en la antigua Estambul. No soy de orgasmo taaan fácil, pero esa vez, me vine de inmediato nada más recibirlo. Mugí como una vaca, grité como una puta y me agarré a él con piernas, brazos, vagina y labios. Me gusta sentirme usada, así que después de obtener, de prolongar la duración de ese luminoso orgasmo, me desenredé toda y me puse en cuatro patas: quería que esa inmensa verga me llegar hasta el estómago. Margarito no se hizo de rogar y me penetró desde atrás, entrando en mí como si me partiera, dilatando al máximo mi vagina, tocando el fondo, quedándose ahí hasta preguntar con voz ardiente: —¿Quieres duro, mamita? —Dame duro, papi. Empezó entonces el mete saca más intenso de mi vida. Me desplomé, descontrolada, sin voluntad, en la cama, y él me oprimió contra ella, entrando y saliendo de mí, mientras yo aullaba como la puta en que me estoy convirtiendo. Ni ...
... siquiera me di cuenta cuando se vació en mí (debo decir que previamente nos habíamos enviado por Facebook nuestros respectivos análisis de ETS y que yo tengo ligadas las trompas de Falopio). Casi me desmayo de gozo. Lo siguiente que recuerdo es al mago, enorme, acariciándome el rostro y besando la delicada piel de entre mis pechos. Lo siguiente que recuerdo es que la seguía teniendo parada y enorme. Me acosté, sintiéndome una perra insaciable, porque llevaba tres orgasmos, porque había sido suficiente, porque me escocía la vagina, pero frente a ese enormísimo miembro, ese espléndido mulato, quería más, ya que ahí estaba y se podía. —Cógeme —le dije, abriéndome de piernas. No se hizo de rogar. Me montó. Mi coño estaba tan húmedo, entre mis fluidos y su semen, que su poderoso mástil se deslizaba sin fricción casi. Hacía un ruido de succión, de piedras en el agua, de locura. Yo temblaba debajo de él, sin reaccionar, sin moverme, solo recibiéndolo, gimiendo ahora, sin gritos, solo eso, solo gimiendo cada vez que él se hundía en mí, hasta que se vino por segunda vez… segunda vez de sexta, que se las conté. Al llegar a casa, horas después aún no podía tenerme en pie, mareada, muerta, ahíta. Seis veces. ¿Yo? Yo perdí la cuenta, las bragas y la decencia que me quedaba. Afortunadamente vive lejos, porque más de una vez al mes sería demasiado, y porque verdaderamente Marcos se ha convertido en el mejor amante de mi historia: por eso escribo hoy, tras haberme enredado en su ...