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Mi sobrinito
Fecha: 28/07/2026, Categorías: Bisexuales Incesto Lesbianas Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
... mastúrbate. Ella se echó a reír, con esa risa suya despreocupada que siempre contrastaba con mi rigidez ante ciertos temas. Dio un sorbo a su copa y me miró con burla, como si mi respuesta no la sorprendiera en absoluto. —No es lo mismo —respondió, apoyando los codos en la mesa—. No es solo eso… es la sensación, la compañía, la piel. Rodé los ojos, pero en el fondo entendía su punto. Yo misma, en otro tiempo, había disfrutado de esas cosas sin reservas. Pero ahora, la simple idea de involucrarme con un hombre me revolvía el estómago. —Bueno, pues suerte con eso —dije finalmente, levantando mi copa—. Solo no me metas en ese desastre. Camila sonrió con un brillo travieso en los ojos, como si ya estuviera planeando algo. En ese momento no le di importancia, pero más adelante, aquella conversación cobraría un significado que nunca imaginé. —Bueno, pues mastúrbate y luego vienes a hacerme compañía. Yo seré tu pareja de discusión después del auto placer —solté, claramente pasada de copas. Apenas las palabras dejaron mi boca, me sorprendí a mí misma. Ni siquiera creía lo que acababa de decir. Camila, en cambio, me miró con una mezcla de asombro y diversión antes de soltar una carcajada. —¡Vaya, con Clarita! —exclamó, alzando su copa en mi dirección Me encogí de hombros, sintiendo el calor del alcohol recorrerme. —Supongo que el vino me está afectando —dije, restándole importancia. Pero Camila siguió mirándome con esa chispa de picardía en los ojos, como si estuviera considerando ...
... algo que no quiso decir en voz alta. Lo dejé pasar. Luego, con una sonrisa ladeada, añadió: —O sea que, en estos momentos, eres una loca de la masturbación, me imagino. Bufé, fingiendo indiferencia, pero sentí el calor subir a mis mejillas. —No seas idiota —repliqué, llevándome la copa a los labios—. Solo digo que no necesito a nadie para satisfacerme, eso es todo. Camila soltó una carcajada y negó con la cabeza. —Claro, claro… —murmuró, con ese tono que usaba cuando no me creía del todo—. Pero dime la verdad, ¿hace cuánto que no…? —¡No pienso hablar de eso contigo! —interrumpí rápidamente, sintiéndome de pronto más expuesta de lo que me gustaría. Ella sonrió como si hubiera ganado una pequeña batalla, pero no se detuvo ahí. —¿Lo haces con la mano o usas uno de los objetos que traemos para la venta? —soltó entre risas, con esa malicia juguetona que siempre tenía cuando lograba incomodarme. La miré con incredulidad, apretando los labios para no darle el gusto de verme ruborizada. —Camila, por el amor de Dios… —bufé, llevándome la copa a la boca en un intento de ocultar mi incomodidad. Pero ella no se detuvo. —Vamos, admítelo. Seguro probaste alguno antes de venderlo, por control de calidad y eso —agregó, alzando las cejas con picardía. Negué con la cabeza y solté un suspiro, fingiendo exasperación. —Si tanto te interesa el tema, ¿por qué no lo pruebas tú y me cuentas? Camila soltó una carcajada escandalosa y chocó su copa contra la mía. —¿Y quién te dice que no lo he hecho, ...