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Martín revienta a una vieja gloria del porno
Fecha: 28/07/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos
... en sangre. —¡Pero que descarado! ¡No te atrevas a hablarme así! ¡Yo soy la Lola! ¡He rodado con los más grandes! —Sí, con los más grandes… ¡pero hace cuarenta años, chata! —Martín se rio, burlón, clavándole la mirada—. Aquí eres Lola, la que ya no levanta cabeza. Y te hablo como me da la gana. Soy Martín, el camionero. Y si no te gusta, te jodes. Anda, ven aquí y chupa bien, que te vas a quedar sin saliva y a mí se me va a acabar la paciencia. La humillación de Lola era palpable, su rostro una máscara de furia contenida. Pero la furia de Martín, la de un hombre que se negaba a ser mangoneado, le encendía la sangre de una forma perversa. Hubo una pausa incómoda, solo rota por el zumbido de los focos. El director, con la frente perlada de sudor, carraspeó. Martín se echó un poco hacia atrás y, de forma repentina, le cogió la cara con una sola mano, grande, curtida, de camionero que ha agarrado más palancas de cambio que culos, y le apretó los mofletes para forzarle los labios. —Vamos a hacerlo a mi manera, Lola. Nada de postureo. Abre esa bocaza, que te vas a ganar la paga. La mujer soltó un gruñido, pero lo hizo. Martín apuntó con precisión, sujetando su polla por la base, y le metió el glande con un empujón seco, directo, que le hizo dar un respingo. La lengua de Lola se vio arrastrada hacia atrás, su mandíbula crujió y una arcada inmediata la dobló hacia delante. Se apartó tosiendo, con los ojos como platos. —¡Para, coño! ¡Eres un cabronazo! —su pecho ...
... subía y bajaba con violencia—. ¡Soy actriz! ¡No una puta de rotonda! ¡Con esta barbaridad no se puede... no se puede respirar! ¡Me vas a arrancar la garganta, pedazo de animal! —Pues que se note que lo hago —respondió él, impasible—. Que lo parezca de verdad, cojones. No me vengas a un puto rodaje de porno a hacer gárgaras de monja. El director no decía nada, pero su sonrisa perversa lo decía todo. El cámara se había agachado, buscando un plano lateral donde la cara de Lola, deformada por el esfuerzo, se viera en todo su esplendor. El micro captaba hasta el más leve gemido, el sonido húmedo de la boca intentando adaptarse al grosor de la verga. De fondo, uno de los técnicos tragaba saliva sin darse cuenta, con una erección en los pantalones y los ojos fijos en la escena. Martín, con una tranquilidad animal, empezó a mecer las caderas hacia delante, metiéndole la polla poco a poco, ignorando los espasmos de ella, sus intentos por apartarse. La tenía agarrada por el pelo, dirigiendo los movimientos con un control absoluto. Cada vez que ella se echaba atrás, él la devolvía a su sitio. —Así, joder… con babas, con ruido, que se note que no puedes. Eso vende —gruñó entre dientes, con esa voz grave que llenaba la sala como una vibración sorda. Lola intentó volver a agarrar el control, usar una mano para regular la profundidad, pero Martín la apartó con un manotazo suave pero firme. —Nada de manos. Sólo boca. Y si no entra, te espabilas. Ella gemía entre arcadas, ...