1. Pagando una deuda al hombre que más odia a mi esposo


    Fecha: 30/07/2026, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... que tu marido me termine de pagar lo que me debe.» Terminó de desnudarse dejando a la vista su enorme miembro, duro como piedra. Tenía muy poco vello en la parte de arriba nada más lo que para mi sorpresa, le daba un aspecto limpio y nada desagradable.
    
    Se dejó caer en el sillón, separando sus piernas, y con su miembro apuntando levemente hacia el techo. «De acuerdo… ¿Me puedo ir por hoy?» Pregunté con la cara roja de la pena. «¿Y me vas a dejar así?» Respondió apuntando a su miembro. «No no no… ¡no te vas sin darme una buena mamada por lo menos!»
    
    Tras pensarlo un poco, me acerqué y me agaché resignada frente a él. Puse mis manos en sus piernas, acerque mi cara y me llevé el miembro de Raúl a mi boca. Tenía la esperanza de que al no haberle practicado sexo oral a ningún hombre, incluyendo a mi marido, desde hace muchos años, Raúl se sintiera insatisfecho y al menos no me lo pidiera más. Sin embargo, sentí una de sus manos agarrarme fuerte del cabello y jalarme fuerte hacia él, metiendo casi todo su miembro a mi boca. «AAAAH SIIII AL FIIIIN!!!»
    
    Al principio me provocó varias arcadas, pero no le importó. Después dejó ...
    ... que se la siguiera chupando hasta donde podía meterla, pero aún jalándome del cabello con la mano. «Ufff que rica se siente la boquita de tu esposa en mi verga Luis». Confundida por sus palabras miré hacia arriba y vi que estaba grabándome de nuevo con su celular y no dejaba de decir cosas humillantes y pervertidas: «Aaayy siii… tan decente que te veías Maribel… ¿Te imaginas que te vieran así tus hijos? Ufff… ¿A qué sabe la verga de un hombre de verdad?… Ni te entra toda, ¿Luis la ha de tener bien chiquita verdad??»
    
    Luego de unos minutos sentí como comenzó a aumentar el ritmo de sus movimientos. «UUUF CARAJO, LISTA MARIBEL, LISTAAAA??» gritó antes de jalarme con fuerza por última vez y sentir su miembro disparando chorros cálidos directamente a mi garganta obligándome a tragar casi en automático, para segundos después soltarme finalmente dejándome recuperar mi aliento a la vez que tosía un poco.
    
    «Ya se puede ir… La espero mañana (Jueves) en la mañana». Sin responderle ni decir nada me puse mi ropa lo más rápido que pude y me fuí a mi casa. Aún después de esa primera experiencia no tenía idea en lo que me había metido. 
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