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Mi madre es la puta de un macarra III
Fecha: 05/08/2026, Categorías: Incesto Autor: Peter28, Fuente: TodoRelatos
... aprovechando que Mauricio se iría a Barcelona dos días. Ultimaron los detalles mientras le comía la polla a su amante Sábado – 9:00 p.m. | Zona sur de Madrid La música electrónica vibraba contra el suelo como un corazón nervioso. Luces rojas y violetas cortaban el humo artificial que flotaba sobre las cabezas. Isabel, con un vestido negro ajustado, el cabello suelto y los labios marcados de un rojo profundo, se deslizaba entre la gente con una seguridad elegante. Fabián iba detrás, más informal, con una camisa arremangada, observándola como si aún no creyera que esa mujer bailando a su lado fuera real. Tras 30 minutos habían recorrido media ciudad para evitar los barrios donde cualquiera podría reconocerla. La discoteca en la zona sur era un lugar anónimo, joven, ruidoso, con demasiada gente como para fijarse en nadie más que en uno mismo. Isabel bailaba con los ojos cerrados, los brazos sobre la cabeza. Se dejaba llevar sin pensar. Durante esos minutos, el mundo se reducía al cuerpo, al ritmo, al sudor leve en su espalda. A Fabián cerca, pero sin tocarla. Hasta que dos chicos se acercaron. Uno sonrió y dijo algo que Isabel no escuchó del todo. Solo notó que Fabián se endureció. —Tiene compañía —dijo él, sin gritar, pero con una tensión en la mandíbula que lo delataba. Isabel abrió los ojos. Vio cómo uno de los chicos alzaba las manos con una sonrisa burlona y se alejaban. —¿Qué hacés? —preguntó ella, con media risa—. ¿Ahora me cuidás como si fueras ...
... mi novio? Fabián se inclinó para hablarle al oído, entre la música. —No me gusta que te hablen así. —Se defenderme y vos no sos mi pareja. Esto —dijo, señalando entre ambos con el dedo—es solo sexo. No te confundas. Tengo marido Fabián asintió, pero apartó la mirada. Estaba furioso. Siguieron bailando, aunque algo se había roto en la comodidad del momento. Más tarde, entre besos acaramelados Isabel intentó hacer las paces y a la 2:00 a.m., decidió que era hora de irse. Mientras tanto – 9:00 p.m. Estación de Atocha | andén a Barcelona Cloe tomaba un café tibio en un vaso de cartón mientras observaba cómo Mauricio caminaba de un lado al otro, como un animal enjaulado. Estaban esperando el tren nocturno a Barcelona, mochila en la espalda y pocas certezas por delante. —No puedo irme —dijo él, de pronto. —¿Qué? ¿Ahora? —No puedo dejarla. Tengo esa sensación… como si algo no encajara. Creo que mi madre está con él. Con Fabián. Cloe algo molesta lo miró en silencio. —¿Lo estás diciendo en serio? —Sí. Y si es cierto… no puedo simplemente desaparecer. Tengo que saber. Tiró el café en el tacho y se colgó la mochila. —Te llevo —dijo ella. —No. Vuelve. Te llamo después. —Te acompaño hasta tu casa. No me voy a quedar tranquila hasta saber que estás bien. Se quedó hasta la 1:00 a.m. en casa de Cloe para luego regresar a su casa. – La encontró vacía, en penumbra Mauricio entró con su llave. No había nadie. Ni luz, ni música, ni un vaso ...