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Después de la subasta
Fecha: 06/08/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: Fatmaster, Fuente: CuentoRelatos
El aire estaba cargado de una electricidad densa, un murmullo de deseo y expectación que vibraba en las paredes oscuras del lugar. Mi amiga la dominatrix E, con su porte imponente y su corsé de cuero negro brillando bajo las luces tenues, me guio a través de un pasillo angosto hasta la sala de subastas. Yo, un devoto del fetichismo del cuero llevaba un traje completo que crujía con cada movimiento, usando largos guantes y botas relucientes, todo en negro brillante incluyendo una capucha que cubría todo mi cabeza dejando espacio solo para mis ojos, nariz y boca. El aroma del cuero se mezclaba con el incienso aromatizaba el lugar. La sala estaba llena de figuras enmascaradas, sus rostros ocultos tras antifaces de encaje o máscaras de látex y cuero. En el centro, un escenario circular iluminado por un foco rojo. Las “esclavas”, todas voluntarias, desfilaban una a una, algunas con cadenas plateadas que tintineaban, otras con trajes de látex que se adherían como una segunda piel. Dominatrix E me explicó las reglas: todo era un juego consensuado, un teatro de placer donde las sumisas se ofrecían por diversión, necesidad o ambas. Pero antes de pujar, cada participante pasaba por exámenes médicos para garantizar que ningún interviniente tuviera alguna ETS y además se hacían firmar documentos legales que aseguraban el consentimiento de las esclavas a su sometimiento. La primera subasta fue un torbellino. Una mujer de curvas pronunciadas, con un corsé rojo que apenas contenía ...
... sus pechos, se paseó con una cadena dorada colgando de su collar. Sus tacones resonaban en el suelo, y sus ojos brillaban con desafío. Puse mi oferta, pero la puja se disparó, y la perdí ante un hombre enmascarado que vestía un esmoquin quien alzó su mano con arrogancia. Frustrado, pero excitado por el ambiente, me preparé para obtener una esclava esa noche, después de perder varias pujas esa noche, subió al escenario una mujer de mediana edad con una capucha de látex negro que ocultaba su rostro, dejando solo su boca visible, pintada de un rojo intenso. Su cuerpo desnudo, salvo por la capucha, si bien no era una obra de arte, se dejaba ver, su piel tenía unas bellas estrías, sus curvas definidas, y una postura que gritaba sumisión y desafío al mismo tiempo, si bien no pude ver su rostro, su cuerpo y su postura me parecieron familiares, cuando empezó la subasta mi corazón latió con fuerza. Puje sin pensarlo, mi voz resonando en la sala mientras el precio subía. Finalmente, con un grito de victoria, la gané por toda una semana. Después de hacer los pagos y comprobaciones pertinentes, la lleve encadenada del cuello a una recámara privada, un espacio con paredes de terciopelo rojo y una cama cubierta de sábanas de satén negro. El aire olía a incienso y a lujuria. Con una voz impostada le ordene con voz firme “Ponte una segunda piel”, mi propia excitación palpitando bajo el cuero de mi traje. Ella obedeció al instante, deslizándose dentro de un traje de látex marrón que ...