1. La preferida de mi suegro (5 - final)


    Fecha: 07/08/2026, Categorías: Incesto Autor: Reina Flor, Fuente: CuentoRelatos

    ... asustada. Con un vistazo, Manuel procuró tranquilizarla.
    
    –Ahora es tu turno –le dijo.
    
    –¿Mi turno? –preguntó ella nerviosa.
    
    –Sí. Tu turno de hacerlo disfrutar. Es tu deber de esposa.
    
    –¿De hacerlo disfrutar de qué?
    
    –De algo que en el fondo le gusta más que nada en el mundo.
    
    Luana se quedó callada como si no hubiese entendido bien. Roberto también.
    
    –No sé si es lo correcto –murmuró al cabo de unos segundos de incómodo silencio.
    
    –Si te lo digo es porque es así. Lo conozco mejor que vos.
    
    Desconcertada, Luana miró a su marido que permanecía en silencio, sumido en un mutismo hermético e imperturbable.
    
    –Deciselo Lu… no tengas miedo.
    
    –¿Decirle cornudo?
    
    –Sí… decíselo.
    
    Luana miró de reojo a Roberto para ver que hacía.
    
    –No sé… me da cosa.
    
    –Tranquila. Es porque nunca lo hiciste. Cuando lo hagas vas a experimentar un efecto liberador. Y él se va a sentir mejor cuando suceda.
    
    Roberto transpiraba helado pero permanecía sin reaccionar. Parecía ahora expectante de lo que hacía y decía su mujer. Nunca se había sentido tan humillado en toda su vida.
    
    –Usted dice… ¿Cuándo usted y yo…?
    
    –Ajá…
    
    –Pero es que…
    
    –¿Que Lu…?
    
    –¿Usted cree que él piensa que usted y yo…? –preguntó ella y a continuación miró a su marido:– ¿Lo pensás Ro?
    
    –Acaba de decirlo. Creo que al menos lo piensa –opinó Manuel.
    
    –¿Cómo?
    
    –Lo sospecha pero no está seguro. Y es mejor que sea así.
    
    –Quizás por… es que vio dos veces…
    
    –Pero eso no significa que haya una ...
    ... tercera.
    
    ¿Usted cree?
    
    –Claro.
    
    –¿Mejor que no sepa si usted y yo…?
    
    –Que no lo sepa.
    
    –Porque si tratara de averiguarlo ¿sería peor?
    
    –Ajá
    
    Luana miró al pobre Roberto apichonado en un rincón a su lado: advirtió la formidable erección indisimulable y se sintió tentada como nunca.
    
    –¡Cornudo…!
    
    –Eso es. ¿Ves? Su erección empieza a crecer como por arte de magia.
    
    –¡Es verdad! –se maravilló Luana divertida– ¡Increíble! ¡Cornudo…!
    
    Una mujer muy fina que estaba en la mesa de al lado pareció registrar la vulgaridad pronunciada con sorpresa y la miró fastidiosa.
    
    –¿Te sentís ahora mejor? –le preguntó Manuel.
    
    –Sí… tenía razón…
    
    –¿Es o no liberador?
    
    –¡!Si!! Es justo como me dijo.
    
    Él le extendió su mano para que ella se levantara y se sentara del lado suyo de la mesa. Cuando lo hizo quedó enfrentada a Roberto que parecía blanco como un papel.
    
    –Ahora hijo… ¿tenías algo que decir?
    
    –Yo…yo… –quiso arrancar Roberto…
    
    –¡Cornudo!
    
    –No… –dijo mirando a su esposa– a vos no te lo voy a permitir…
    
    –¡Cornudo!… ¡cornudo!!… cornudo!! –lo metralló ella sin piedad.
    
    –Ya… tampoco exageres –intervino Manuel– No es bueno darle todo lo que quiere de una sola vez.
    
    Luana volvió a quedarse mirándolo, sorprendida como si estuviese ante un milagroso descubrimiento.
    
    –Mejor de a poco. Sin apuros –Manuel la rodeó con su brazo en actitud paternal.
    
    –¿Mejor que se imagine eso que usted y yo…? –elucubró ella.
    
    –Ya lo has entendido. Mientras más se lo digas, ...
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