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Mi cuñada, mi mujer y un morboso placer (2)
Fecha: 18/08/2026, Categorías: Incesto Autor: MORADO SUBIDO, Fuente: CuentoRelatos
Cuando volvimos al depto. después de cenar en un resto de Miraflores me preparé una copa de ron y me senté en el balcón frente a la noche, sintiendo el murmullo del mar, mientras mi mujer y su hermana seguían desarmando la valija de Carina y entre murmullos percibí aquellas risitas cómplices. Ya tarde, el silencio se hizo en la medianoche, Sandra se acercó al balcón me abrazó por detrás y murmurándome al oído me susurró —gracias por el placer de estos días— yo volví a sentir el goce de sus tetas apoyadas sobre mis hombros cuando suavemente me mordió la oreja; cerré los ojos mientras sentía mi calentura poniéndose tan dura bajo mi pantalón… Me quedé hasta que logré que no se revelara esa erección cuando mi mujer Carina, se acercó y me besó en los labios, —me voy a la cama, no tardes—, sentí que era ello una invitación a su deseo. Me fui desvistiendo en el living quedándome en bóxer, rogando que desde el oscuro corredor mi cuñada Sandra lograra verme y se excitara tanto, como me había dejado hacía un rato en el balcón, pero no la percibí. Cuando entré en el cuarto Carina estaba con un culotte blanco, el que resaltaba su piel dorado caribe, ni bien la vi, no dejó de ver mi erección que marcaba mi bóxer. Me acerqué como siempre, admirando su figura elegante, sus ojos verdes, sus piernas, su fina cadera y su pubis delicadamente depilado para sabor de cuantos antojos; fue cuando percibí que entre las pecas de sus tetas erguidas y cerca de sus pezones se marcaban un par ...
... de moretones, testigos de ricos mordiscos que revelaron la infidelidad. Pasé un dedo sobre uno de ellos —El rastro de tus pecados— apenas le dije; abrió grande sus ojos clavándome la mirada cuando me comió la boca con un chupón, apoyando toda su piel desnuda sobre mis deseos, provocando que abrazados cayéramos sobre la cama… —Me vas a contar todo putita, ¿cómo te cogiste a ese potro? Le dije mientras mordía sus pezones sobre esas mismas marcas. Jadeamos entre agresivos besos, besaba toda su piel buscando más rastros de su adulterio, —si hijo de puta, te metí bien los cuernos y me dejé llevar cada día por ese macho— yo seguí bajando con mis besos hasta correr su culotte para que mi legua llegará a su clítoris, mi mujer rasgaba las sábanas anunciando sus orgasmos que húmedos llegaban a mi boca; y allí también, cerca de sus labios junto a ese clítoris encendido, otro mordisco era la marca del amante de mi mujer, enterré mi lengua sintiendo como sus jugos chorreaban junto a mi saliva. Hasta que gritó un orgasmo tremendo, sosteniendo mi cabeza apretada entre sus piernas y más enterré mi boca abrazando entre mis labios su concha infiel como si fuera una almeja, imaginando como ese tipo Darío, su macho, había acabado tantas veces dentro de ella. Cuando Carina sintió que rocé sus piernas con una erección tan dura como una roca, me rogó jadeando, —enterrame esa pija—, ella giró y quebrando sus caderas apoyó su cara entre las almohadas, su concha estaba toda depilada y ...