1. Arakarina (02: La búsqueda de un pintor)


    Fecha: 24/08/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Hetero Autor: george45winer, Fuente: SexoSinTabues30

    ... es ésta- Se comenzó en el acto a desabrochar los botones del pantalón, dejando salir un pene ancho y largo, perfectamente parado, regordete en su parte inferior como el vientre de un lagarto, con su dorso curvo como el de un yogui, de una cabeza fina y cortante. Ella no movió un sólo dedo para alcanzarla, como dejando entre duda si realmente deseaba esa cosa. Al contrario se puso a deshojar la margarita. Llegó el momento en que él quedó totalmente desnudo.
    
    Por la rendija, Helena podía apreciar que de todos los músculos del latino, el mejor era ese robusto y extraño pene. Nunca en su vida había visto un falo real. Los conocía por las charlas de las compañeras del colegio, que lo narraban como un ser mítico, quimérico. Le había visto una vez en alguna película pornográfica que había rentado, y por última vez lo había presenciado en las fotos de Virgilio, pero de verdad nunca lo había visto. Le pareció tan imponente, pensó en los gorilas, pensó en las miradas de la directora del centro cultural, en todo aquello. No podía dejar de verlo, ese cuerpo desnudo, flaco, lleno de vello, con semejante instrumento que le resultaba casi hipnótico. Su mente que había hablado sin cesar durante todo aquel rato, guardó un silencio absoluto al ver el falo brillante, en un mutis nirvánico.
    
    Tanto se absorbió en tal imagen que no notó que el otro individuo se había desnudado también. El californiano era un músculo viviente, con cada uno de sus rebordes perfectamente dibujados, tan así ...
    ... que bien había podido posar para clases de anatomía, y decir «este es el esternocleidomastoideo» y ponerlo a tintinear a voluntad. Lampiño o quizá depilado se erigía como una estatua viva de mármol. Rodin hubiera delirado viendo ese cuerpo. Como no todo podía ser perfecto, el miembro del hombre de mármol era pequeño en tamaño, mas no así en grosor. Eso sí, el menudo pene no se amilanaba ante nada, de roca al fin y al cabo.
    
    La chica entró en un trance automático. Los tipos comenzaron a caminar alrededor de la cama como si fueran lobos. Ninguno de los dos necesitaba friccionarse de ninguna manera su falo para que estos estuvieran en pie de guerra. Ella comenzó a embriagarse ante semejante danza, y se comenzó a quitar la ropa, quedando de a rato completamente desnuda, con sus pechitos puntiagudos al frente, como dos pequeños y brillantes trompos. Sus caderas estaban en perfecto desarrollo, amplias, flamantes, y su sexo yacía pequeño bajo un reducido montículo de vello. Las piernas eran dos columnas fuertes y vigorosas. En cada tobillo portaba unas cadenillas de oro. Sobre la cintura había otra cadena. Se recostó a lo largo de la cama y los tipos dejaron de girar como satélites, abrieron un cajón y sacaron de ahí un par de cirios, los encendieron y los pusieron en unos agujeros que estaban dispuestos para ese efecto en la pared. Helena entendió entonces la rareza de aquellos hoyos de los muros, pues se había extrañado de verlos ahí y debajo encontrar una breve montaña de ...
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