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Arakarina (02: La búsqueda de un pintor)
Fecha: 24/08/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Hetero Autor: george45winer, Fuente: SexoSinTabues30
... cera. Para ese momento Helena ya se había «resignado» a que tendría que esperar a que todo aquello terminara. Estaba asustada, pero segura de que lo último que traían ganas aquel trío era de buscar intrusos, parecían bastante enfocados a otras cosas. Visto de otra manera estaba divertida, pues lo furtivo le parecía excitante, de otra manera no le hubieran permitido espiar desde tan buen punto, hubieran querido que entregara algo a cambio. Ahí todo era tranquilo, estaba sentada en un banquillo que yacía ahí arrumbado, en una posición cómoda, con la cabeza a la altura justa de una rendija, bajo la iluminación perfecta para ocultarla, dado que provenía del fondo y de lo alto, por lo que las fisuras de las tablillas serían camufladas por la sombra misma de la luz. Era un espectáculo brutal al cual no tenía ningún derecho de entrar. Y ahí estaba fisgoneando, conteniendo la respiración y su propio ruido. Afortunadamente la hierba elevada servía de nido a infinidad de grillos, los cuales hacían una música tan ensordecedora como para que su exhalar e inhalar no fueran detectados. Volviendo a nuestros amigos. La pelirroja abrió su compás a todo lo que daban sus piernas, dejando al descubierto una flor de sonrojados labios que a la luz de las velas aparecía naranja. El hombre de mármol se inclino sobre sus piernas y casi ceremonialmente bajó su boca a la vulva de la chica y comenzó a restregar su lengua larga por cada pétalo de aquella flor, ahora lento ahora con violencia, lo ...
... que hacía que la mujer se retorciera de placer, moviendo sus caderas como una odalisca, para repentinamente levitar en un violento estertor que iba seguido de lamentos que no hablaban de dolor, sino de flaqueza, de imposibilidad de resistirse a estar siendo devorada viva, el drama del botón que se convierte en flor se representaba maravillosamente ahí, entre sus piernas. Apenas si acabaron los sismos de la chica, el californiano se aplicó de nuevo a chuparle con fruición el sexo húmedo y exhausto, y claro se veía que el californiano bebía los jugos del placer de la dama, jugando su lengua con ellos, extendiéndolos hasta el cerrado ano que husmeaba curioso por ahí cerca y decidió ver qué pasaba, de rato, la chica estaba diciendo toda sarta de descripciones que resumían todas las vergas que había recibido en su vida. El hombre de roca, que tenía volando la cadera a razón de levantar desde las rodillas el cuerpo de la chica, y concentrado únicamente en demoler con la lengua las murallas de aquel ano, alzó la cabeza para dejar escuchar por vez primera su voz – !Cállala!- fue lo que dijo. Helena, que no había perdido detalle de aquel banquete, había puesto ya muy mojada su pantaleta, y con discreción se rozaba muy vagamente el sexo, pues sus genitales en una hábil mentira le decían a su cerebro que sentían dolor, a lo que ella atendía a mitigarlo con poner la mano encima de su calzón, no frotándose ni metiéndose los dedos, sino sólo colocando la mano encima, amainando el dolor ...