1. Arakarina (02: La búsqueda de un pintor)


    Fecha: 24/08/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Hetero Autor: george45winer, Fuente: SexoSinTabues30

    ... que estuvieran frente a su cara. Sus pupilas se abrieron como las lentes de la propia cámara, se le dibujó una sonrisa y balbuceó «Pero que puta». Era la directora del centro cultural, completamente desnuda y atada a esa cama en la que ahora estaba ella recostada, no parecía que las ataduras le incomodaran tanto, de hecho no tenía mordazas ni cubre ojos, sin embargo no se veía que pidiera auxilio, más bien tenía rostro de cordero suicida que anhela la muerte en vísperas de un cielo. La única tortura aparente en esa foto era el aplazamiento de la ejecución.
    
    Tenía sus enormes tetas sujetas con un cinto y sus pezones estaban pintados con marcas de labial carmesí, y terriblemente parados. En medio de esas montañas estaba atrapada una rosa de Castilla, la cual estaba aprisionada entre carne y carne, sujeta a su vez con la presión ejercida por el cinto. Helena recapacitó que había subestimado el tamaño de aquellos senos que, vestidos, se veían minúsculos en comparación con lo que ahora presenciaba. Fácilmente se disparaban a veinticinco centímetros sobre el nivel del tórax, que ya es decir algo. Definitivamente el cinto estaba hecho para eso, pues tendría un ancho de unos trece centímetros. La rosa emergía de un tallo de diez centímetros sobre el dulce terreno en el que estaba sembrada, lo que contando con los veinticinco de las tetas, hablamos de un tallo de treinta y cinco centímetros. A esa distancia las rosas tienen espinas, si es que no se les han arrancado. Un hilo de ...
    ... sangre muy pequeño en el fondo del cañón formado por los dos pechos sugería que habían sido arrancadas algunas de las espinas, pero no todas. El sexo de la directora, que también aparecía en la toma, estaba en un estado de desastrosa excitación, casi podía olerse. Lo hinchado de éste dejaba al descubierto que le habían sucedido ya muchas cosas antes de la foto.
    
    La siguiente foto era ya un acercamiento. Sobre la rosa estaba posada la cabeza de un miembro viril tieso, uniforme, de unos dieciséis centímetros de cilindraje, con sus respectivas venas y una pelambrera cerrada y oscura, el cual aun desde la foto irradiaba tal energía que podía escucharse el silbido como de un címbalo en plena vibración. La mirada de la directora era un espectáculo aparte, pues miraba el falo como si fuera el inicio y fin de su vida, y ahora si parecía que pedía ayuda, pero para tener aquel instrumento en su poder.
    
    Helena se encontró de repente envuelta en un atractivo bochorno. Lo que sabía de sexo lo había adquirido de dos o tres películas pornográficas que había visto en su cuarto. Sin embargo, le quedaba claro que en tales filmes los participantes eran actores, y no es que los actores no cojan de verdad, pues es obvio que se penetran en la realidad, sino que la sensación de ver en trance sexual a gente digamos más asequible despierta un morbo mayor, es como ver haciendo el sexo a la vecina, la proximidad abruma. Pasaba lo mismo, por una causa las fotos hicieron un efecto constrictor en su ...
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