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Arakarina (02: La búsqueda de un pintor)
Fecha: 24/08/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Hetero Autor: george45winer, Fuente: SexoSinTabues30
... pues con tantas arrastradas el papel blanco de la portada ya tenía perfectamente dibujadas sus terregosas huellas. Corrió de puntillas hasta la recámara principal y se metió en el guardarropa, el cual tenía puertas de rejilla, y la prisa no le había dado para cerciorarse que una de las rejillas estaba caída, lo que daba un agujero de 2.5 centímetros de posibilidad de ser descubierta. Cerró de todas formas la portezuela y se acurrucó a un lado, para evitar ser vista de inmediato. Calmó su respiración a tal grado que podría presumirse que era estudiante de yoga avanzado. Afortunadamente el sol hizo sus despedidas con mucha prisa y la casa estaba prácticamente en penumbras. La chica entró, llevaba una falda muy larga y separada del cuerpo, aun así sus caderas dibujaban un poco el calzoncito que llevaba, pues sus nalgas eran un tanto inusuales para una mujer de tez tan blanca, mas bien eran las nalgas de una negra, paradas en extremo, voluminosas, su blusa era de manga larga, sus pechos eran pequeños. La cara era un tanto infantil, de labios muy delgados la boca y la nariz chiquita y respingada, sus ojazos contrastaban enormemente con la simpleza del resto de su rostro, eran grandes, expresivos, soñadores, con unas pestañas largas y oscuras, sus cejas eran un par de cimitarras viradas al revés. Seguramente tenía ascendencia árabe, aunque mestiza. Caminaba lentamente. Se sacó de dos patadas sus zapatos de tacón y se estiró. Miró su reloj. El cabello rojo era, a decir de ...
... algunas pecas, natural. Helena estaba asustada y encerrada, meditando en que, si la chica se había quitado los zapatos, seguramente se quedaría un rato más allí, quizá toda la noche, ella no podría salir hasta que ella se fuera. Se podía deducir que esa casa le era familiar, pues al igual que ella, la chica había entrado por la portezuela de la mascota, con esa falda, esa blusa y tacones, mínimo se hubiera empolvado un poco, sin embargo no llevaba una sola partícula de polvo. Mas se acurrucó Helena en su rincón, sin perder huella de los movimientos de la mujer. La pelirroja tendría acaso dieciocho años, era casi tan joven como ella que tenía diecinueve. ¿Y si le explicara? Tal vez entendería y le perdonara su atrevimiento, después de todo tampoco era su casa, al igual era una intrusa. Pero el portafolio. Seguro los cabellos en los peines eran de ella, seguro lo demás también era de ella, inclusive las notas y los bocetos, y las fotos, la diferencia de intrusa a intrusa es que ella no sabía respetar y robaba, mientras que la mujer había aprendido a valorar la casa como era, sin hacer daño. Tal vez ese año de edad que parecía separarles sí hacía una gran diferencia. Helena se sintió como una niña mala, pero luego pensó que se trataba de una lección. Sin embargo, Julio llamaría al Hotel en la noche, no la encontraría, insistiría durante toda la noche, se percataría de su ausencia, ¿Qué mentira le diría?. Que se enfadó con los del hotel y se cambió de lugar. Lo bueno de que ...