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Tres en la terraza: una jubilada insaciable
Fecha: 26/08/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos
... que me hace sentir como una presa a punto de ser devorada. —Tu turno —dice simplemente, y antes de que pueda procesar sus palabras, sus labios están sobre los míos. El sabor de Fresita aún permanece en su boca, mezclándose con el champán y algo más básico, más primario que es puramente Vicente. Su beso es diferente al de Fabrice, más dominante, más exigente, como si quisiera marcarme. Siento la mano de Fresita en mi nuca, sus dedos enredándose en mi pelo, sosteniéndome mientras Vicente me besa como si quisiera absorberme por completo. «Esto es una locura. Una locura maravillosa. Los labios de este hombre deberían estar prohibidos, y esas manos... Dios, esas manos que ahora recorren mi espalda como si quisieran memorizar cada centímetro» Cuando finalmente nos separamos, jadeando, veo que Fresita nos observa con una mezcla de asombro y deseo que enciende aún más mi excitación. Sus ojos brillan con una intensidad que conozco bien; es la mirada de Fabrice cuando está completamente entregado a una pasión, sea intelectual o física. —Nom d’un chien ! —murmura Fresita, pasándose la lengua por los labios—. Creo que necesitamos menos ropa y más espacio. Vicente suelta una risa grave que vibra en mi pecho, aún pegado al suyo. —Estoy completamente de acuerdo —responde, sus manos descendiendo simultáneamente por nuestras espaldas hasta posarse en nuestras nalgas con una posesividad que me hace soltar un pequeño gemido—. Y creo que esa cama está pidiendo a gritos ...
... que la usemos. Los tres nos movemos hacia la cama como una sola entidad, una criatura de seis brazos y tres bocas que no pueden dejar de buscarse. La anticipación vibra en el aire, espesa como miel caliente. Esta noche, en esta habitación, las reglas del mundo exterior no existen. Solo estamos nosotros tres, nuestros cuerpos, nuestros deseos. Y mientras caemos sobre las sábanas en un enredo de extremidades y suspiros, pienso que quizás, solo quizás, la vida comienza de nuevo a los sesenta y cuatro. «Quién lo hubiera dicho. Yo, Lali, ahora en medio de un trío con mi marido travestido y un vecino que besa como si el mundo fuera a acabarse mañana. Si mis amigas del bingo pudieran verme ahora...» La risa que me provoca este pensamiento se transforma en un gemido cuando siento las manos de Vicente deslizándose bajo mi sujetador mientras los labios de Fresita recorren mi cuello con besos ligeros como plumas. Y me abandono a la sensación, dejando que el placer borre cualquier duda, cualquier pensamiento coherente. Esta noche somos solo cuerpos buscando placer, almas liberadas de convenciones, tres personas que han decidido que la edad es solo un número y que nunca es tarde para explorar nuevos territorios. Y mientras Vicente desabrocha mi sujetador con una habilidad sorprendente y Fresita susurra palabras en francés contra mi piel. Con una naturalidad que me sorprende, me recuesto en la cama, sintiendo el frescor de las sábanas contra mi piel. Fresita y Vicente ...