1. Segundo contrincante en la misma arena de lucha


    Fecha: 26/08/2026, Categorías: Hetero Infidelidad Autor: Ber_El, Fuente: SexoSinTabues30

    ... el cuerpo de ella recorriendo desde la mata hasta los pezones, dejando un camino de presemen que luego limpió con la lengua, enardeciéndole aún más el sabor.
    
    –¡Eres muy hermosa, mi Nena puta! Me gusta ver cómo te cogen, y cogerte después para resbalarme en ti –confesó dándose jalones de verga y colocado de rodillas con el cuerpo de ella en medio de sus piernas.
    
    Continuó jalándose el pene más rápido y diciéndole soeces a la puta que las contestaba “Me gustan todas las vergas que he probado, y me encanta que me llenen la vagina y la boca con el amor de cada eyaculación”. Cornelio seguía chaqueteándose y le preguntó “Eres muy puta, ¿con cuántos coges?”. Ella, también masturbándose al frotar su clítoris y meterse los dedos en la raja respondió “Me he tirado a casi todos los que se me han antojado. No recuerdo cuántos. Pero ha habido días en que me he tirado a tres”. Ya no había más preguntas ni respuestas, sólo gemidos que anunciaban el clímax mutuo. Cornelio soltó un chisquete que cayó en las tetas de su amada. “Vente, mi amor, ¡lléname de tus ganas como lo hacen todos!”, dijo Stella antes de un aullido. Cornelio, en un chorro más que le inundó el ombligo a Stella; jadeando cayó sobre ella, quien sollozaba y temblaba debido a la intensidad de su último orgasmo.
    
    Quedaron agotados y descansaron abrazados. De vez en cuando se besaban la cara, los párpados, las mejillas, los labios… Al separarse, ambos sintieron un pequeño tirón en la piel, era el semen que sirvió como un ...
    ... débil adhesivo al secarse. Rieron al mirar una telilla transparente rota en muchas partes, unas fracciones quedaron en el pecho de la mujer y otras en el del eyaculador. Stella se apuró a lamerle el pecho a su exesposo, luego él le correspondió a ella de la misma forma.
    
    Se sirvieron el vino que aún quedaba en la botella. Brindaron por su amor a toda prueba. No importaba cuantos le hicieran el amor a su mujer, el no la dejaría de amar. Stella abrió el cajón del buró y sacó un carrujo de mariguana, luego extrajo un encendedor y se lo dio a Cornelio para que él le prendiera el churro. “Putita mariguana, te amo…”, le dijo cariñosamente mientras le encendía el canuto.
    
    –¿Es de los que te trajo Carlos el día de mi cumpleaños? –preguntó mientras Stella daba una calada a la yerba. (Refiriéndose a lo que ya se relató en «El cumpleaños de Cornelio».)
    
    –¡Uh, no! Aquellos se acabaron –dijo Stella después de soltar el humo sobre la cara de Cornelio–. Éstos también me los dio Carlos, no se dónde consigue mota tan buena, pero a mí sólo me cuesta un acostón con él. Los últimos de esa vez, me los fumé aquí, en la casa, con dos amigas y un novio de ellas. Nos pusimos tan pachecas que terminamos “todos contra todos”. El novio, bueno es el amante de Lorna, pero su marido no la deja fumar mota en su casa y me pidió posada, trayendo compañía que usamos todas, sin excepción. ¡Pobre cuate!, terminó seco pues con la euforia se echó dos numeritos con cada una y, al final, volvió el estómago. No ...
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