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El Crimen del Colibrí. Parte 5
Fecha: 30/08/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Julian Torres, Fuente: TodoRelatos
... casa? —Claro que no. Te he buscado aquí una vez he llegado. Ayer mencionaste que venías, ¿recuerdas? Claudia suspiró y se revolvió inquieta entre los arbustos. El suelo no estaba pedregoso, sino suave por la hierba verde. Sin embargo, miró consternada su vestido al verlo con motas de tierra y hojas. —Joder. Siempre acabo toda pringada cuando te veo —comentó con una sonrisa al fin, para luego volver a ponerse seria —. ¿Qué quieres? —Nada. Solo vine a dar un paseo —aseguró él mientras se encogía de hombros —. Aquí no llamamos la atención y había que aprovechar el camuflaje de esa falda verde que te queda tan bien. Ignacio le levantó la falda y se cubrió las piernas con ella mientras se pegaba más a su amante. —Eh, espera —se quejó ella —. ¿Qué insinúas? Aquí ni loca. El ingeniero no dijo nada. Solo acercó su rostro al de ella y la besó con ternura haciendo que ambos quedaran de lado, uno frente al otro, mientras seguían acostados en el suelo. Ella no mostró oposición y sus labios se juntaron en un abrazo tierno. Los besos en medio del frío que hacía eran muy confortables, y Claudia se fundía de pasión como una bola de helado en un brownie caliente. Chupaba la lengua de su amante enroscándola a la suya, al tiempo que metía sus dedos en el cabello liso de él. A la valenciana le encantaba dejarse invadir por la lengua de su amante. Sentirla tocar las paredes del interior de su boca para luego relamerla y sacarle todo el jugo como si se tratara de un chupete. ...
... Pero, tras varios minutos, Ignacio posó sus manos en las piernas de ella, sobre sus medias, y subió hasta sobrepasar el comienzo de las ligas sujeta medias y masajear la ingle con suavidad. La valenciana comenzó a encenderse y él no tardó en meter sus dedos calientes por debajo de sus bragas blancas. Claudia percibió un cosquilleo en sus nalgas tras el delicado roce de las yemas de los dedos de su amante, y su vagina comenzó a dar palmas, pero entonces una pareja pasó muy cerca del límite del sendero y estuvieron a un par de pasos de pillarlos. Ella se sobresaltó. —Espera —susurró —. Esto es demasiado arriesgado. Tengo que volver con mi familia. —Solo un momento más. Aquí nadie nos ve —le dijo él en voz muy baja, con sus labios pegados al cuello de ella, de manera que el aliento le calentó la oreja izquierda. Un cosquilleo cruzó a la mujer de arriba a abajo. Metió sus propias manos dentro del suéter de él y le acarició la fuerte espalda. Claudia notó el calor en la palma de su mano y suspiró al tiempo que juntaba más su pubis a la cintura de él. Sabía que tenía que irse, pero no quería hacerlo todavía. Quería quedarse un minuto más, como cuando te sobresalta el despertador un lunes a primera hora de la mañana. Entonces el ingeniero le bajó las bragas hasta los muslos y Claudia sintió su coño desprotegido de su lascivo amante. Suspiró al sentir como Ignacio le frotaba el clítoris. —Espera… Detente —le pidió mientras volteaba la cabeza tratando de escuchar a la ...