1. Dolores y Yessenia: la acogida


    Fecha: 01/09/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Yessenia, Fuente: TodoRelatos

    ... y sus ojos volvían, hipnotizados, a esa visión que la inquietaba y la atraía a la vez. Un calor se extendió por su cuerpo, concentrándose en su pecho y descendiendo en oleadas que la hizo apretar las manos sobre sus rodillas, luchando por entender esa sensación que la hacía temblar.
    
    Yessenia, consciente del peso de la mirada de Dolores, sintió un cambio en su interior. El acto de amamantar, siempre un refugio, se tiñó de algo más mientras percibía esa tensión en el aire. Su piel se erizó, y un calor glandular, casi instintivo, se despertó en ella, viajando desde su pecho hacia su entrepierna, un pulso húmedo y secreto que la sorprendió. Sus pezones, endurecidos por la lactancia, parecían responder no solo al hambre del bebé, sino a la presencia de Dolores, y un suspiro escapó de sus labios, disimulado como un ajuste de su postura. Su mirada se alzó lentamente, encontrándose con la de Dolores, y por un instante, el mundo se redujo a ese cruce de ojos, donde una corriente eléctrica, aún sin nombre, se tejió entre ellas.
    
    —Él siempre ...
    ... tiene hambre…
    
    murmuró Yessenia, su voz un susurro ronco que vibró en la habitación, mientras acariciaba la cabecita del bebé.
    
    Dolores tragó saliva, asintiendo con torpeza, sus mejillas ardiendo mientras intentaba desviar la atención hacia las violetas sobre la mesa.
    
    —Es… es hermoso verlo así, tan cerca de ti.
    
    respondió, su tono vacilante, pero sus ojos traicioneros volvieron a Yessenia, deteniéndose en la línea delicada de su clavícula, en la forma en que el vestido se adhería a su piel.
    
    El silencio regresó, pero ahora estaba impregnado de una energía sutil, un roce invisible que las envolvía. Yessenia, con el bebé aún en su pecho, sintió cómo ese calor en su entrepierna persistía, un secreto que latía bajo su ropa, mientras observaba la timidez de Dolores, la curva de sus labios temblorosos, y un deseo confuso comenzaba a germinar en su alma. Dolores, por su parte, luchaba por calmar su respiración, su cuerpo respondiendo a algo que no comprendía, un anhelo que se escondía tras su inocencia, prometiendo desvelarse con el tiempo. 
«1234»