1. Compañeros - Capítulo 18: El extraño viaje


    Fecha: 05/09/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos

    ... y se la enrolla a la cintura apresuradamente. Su erección hace un bulto notable bajo la tela cuando sale al dormitorio. La habitación está en penumbra, iluminada solo por la luna y una farola lejana que se cuela por las contraventanas mallorquinas. Miguel no enciende la luz. Prefiere la semi-oscuridad, como si así pudiera ocultar su vergüenza.
    
    Se tumba boca arriba en la cama, sobre la colcha, todavía húmedo y con la toalla ceñida. Pero la toalla no oculta nada: su verga sigue dura como una barra de hierro, empujando la tela hacia arriba. Miguel respira hondo, intentando serenarse. “Esto es una locura,” se dice. ”¿Qué cojones estoy haciendo? ¿Me voy a pajear pensando en la madre de Carlota? Soy lo peor…” Aun así, su cuerpo ya ha decidido por él.
    
    Nota el glande sensible rozando contra la cara interna de la toalla. Ese leve estímulo casi le saca un gemido. No puede más. No lo puede evitar.
    
    Con mano temblorosa, Miguel levanta un poco la tela de la toalla y desliza la otra mano debajo, buscándose. Su polla salta libre en cuanto la toca. La envuelve con sus dedos y siente un latido fuerte; está empapada, mezcla de agua y líquido preseminal. Solo ese contacto lo hace cerrar los ojos de puro alivio y deseo. La tiene como una roca. Dura, hinchada, palpitante.
    
    Empieza a masturbarse muy despacio, deslizando la mano arriba y abajo por todo lo largo de su tronco, que es caliente y grueso bajo su palma. Miguel deja escapar un suspiro tembloroso. Se concentra en la fantasía, ya ...
    ... que pensar en la realidad le provoca demasiada culpa. En su imaginación ya no está en el dormitorio: está en el comedor de nuevo, pero esta vez de noche cerrada, la mesa despejada excepto por Verónica sentada encima de ella, con ese vestido negro subido hasta la cintura y sin ropa interior.
    
    Miguel gime bajo, moviendo la mano con un ritmo lento pero firme, desde la base hasta la punta, donde su pulgar frota ligeramente el líquido viscoso que rezuma. Se muerde el labio para no hacer ruido. No piensa en Carlota, piensa en ella.
    
    En su fantasía, Verónica le hace señas con el dedo para que se acerque a la mesa. Miguel se imagina a sí mismo obedeciendo, los dos en silencio para no despertar a nadie. Verónica se lleva un dedo a los labios en un gesto pícaro de “calladito”. Luego lo agarra por la camisa y tira de él para besarlo. Miguel casi puede sentir esos labios maduros y expertos devorándolo. Aprieta su puño más firme alrededor de la polla en respuesta.
    
    —Mmm… —se escapa un sonido de su garganta. Su otra mano aprieta las sábanas.
    
    Continúa la fantasía: Verónica se arrodilla frente a él, allí mismo en el comedor. “Hace tiempo que quería probar esto,” le susurra. Miguel en la imaginación siente sus piernas flaquear cuando ella saca su miembro duro. “Qué grande la tienes…” dice ella en ese sueño febril. Y entonces envuelve sus labios rojos alrededor de la punta morada de deseo.
    
    Miguel arquea la espalda en la cama, sofocando un gemido. Su mano acelera un poco, subiendo y ...
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