-
Compañeros - Capítulo 18: El extraño viaje
Fecha: 05/09/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos
... hasta la última gota. Un cuarto y quinto espasmo aún dejan salir menos cantidad, que resbala por los lados de su glande hasta sus dedos. Cuando por fin afloja la mano, su pecho sube y baja desbocado. La cama ha quedado salpicada: tiene semen caliente regado sobre la piel, y nota la mancha húmeda en la sábana a un lado. Su polla, liberada ya de su agarre, reposa sobre su bajo vientre, todavía dura, pulsando con latidos lentos mientras expulsa un par de gotas finales que se deslizan pegajosas hacia su pubis. Miguel siente la mente en blanco unos segundos, flotando en un limbo de satisfacción y aturdimiento. Poco a poco sus sentidos vuelven. Huele el sexo en el aire: ese aroma almizclado de su semen mezclado con el jabón del baño y el perfume tenue de las sábanas limpias. Nota la pegajosidad enfriándose en su pecho y estómago. Su respiración suena alta en la habitación silenciosa. —La madre que me parió… —susurra, cubriéndose los ojos con un antebrazo, avergonzado. El subidón del orgasmo empieza a dar paso a la realidad: se acaba de correr a chorros pensando en la madre de Carlota. No puede creerlo. “Estoy fatal de la cabeza,” se reprende. Permanece unos instantes así, con el brazo sobre la cara, su corazón todavía latiendo con fuerza. Siente la polla, ahora sensiblemente más blanda, descansar sobre su vientre pegajoso. El glande le palpita, hipersensible al roce del aire. Al cabo de un minuto, Miguel se incorpora con pereza. No quiere ni moverse, está agotado, ...
... pero no puede quedarse pringado de leche toda la noche. Busca a tientas la toalla húmeda que había caído al suelo y se limpia el pecho y el estómago como puede. El semen ya empieza a volverse viscoso en la piel, pero logra quitar lo grueso con la tela mojada. Pasa la toalla por sus dedos pegajosos también, limpiando los restos lechosos que quedaron de su corrida monumental. Las sábanas… mierda. Palpa en la oscuridad donde cree que cayó la otra descarga y siente la mancha húmeda. Tendrá que dormir a un lado evitando ese charco asqueroso. “Menos mal que es cama grande,” piensa con ironía amarga. No hay pañuelos a mano, ni papel. Decide que en la mañana le dará la vuelta a la sábana o algo antes de que la señora de la limpieza lo vea. Qué remedio. Termina de secarse un poco y tira la toalla al pie de la cama. Después se acuesta nuevamente, esta vez metiéndose bajo la sábana (o al menos bajo la parte seca). Su cuerpo se siente ligero, flojo después de la tormenta. Pero su mente… su mente sigue reproduciendo fragmentos de esa fantasía prohibida. La imagen de Verónica, sonriente, susurrándole “que esto quede entre nosotros”… Miguel siente una mezcla de satisfacción culpable y miedo. Satisfacción, porque necesitaba correrse; miedo, porque sabe que esa imagen de Verónica está grabada a fuego en su cabeza ahora. ¿Cómo la mirará a la cara mañana sin ruborizarse? Se tapa el rostro con la almohada un segundo, agobiado. Le vibra entonces el móvil de nuevo, recordándole el mensaje ...